sábado, 27 de junio de 2026 11:04

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Opinión

Los retos que tiene Abelardo de la Espriella

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Por: Dahian García Covaleda

Hace unos días leía una publicación de Juan Manuel Santos en la que mencionaba una frase que llamó profundamente mi atención: “el reto de gobernar con los puentes que ha quemado”. Esa reflexión resume uno de los mayores desafíos que enfrentará cualquier líder que llegue al poder después de una campaña marcada por la confrontación.

Para mí, un puente en política es una relación entre dos sectores distintos. Evidentemente existe un lado y existe el otro, pero ambos pueden comunicarse a través de ese puente. Cuando se quema, se pierde la posibilidad de construir acuerdos, consensos y aquello que en ciencia política llamamos gobernabilidad democrática. En una democracia, gobernar no consiste únicamente en ganar una elección; consiste en lograr que instituciones, sectores sociales, partidos políticos y ciudadanos puedan convivir dentro de reglas comunes. Las autocracias pueden prescindir del diálogo porque concentran el poder, pero las democracias dependen de él para funcionar.

El primer gran reto de Abelardo de la Espriella será entonces reconstruir espacios de confianza con quienes no votaron por él. Un presidente representa a toda la nación, no únicamente a quienes respaldaron su candidatura. La capacidad de escuchar a la oposición, dialogar con distintos sectores y respetar los contrapesos institucionales será una prueba permanente de su liderazgo.

Lo segundo que me genera inquietud somos nosotras, las mujeres. Las mujeres somos quizás las más interesadas en que gobernar con mujeres políticas, líderes sociales, académicas y ciudadanas empoderadas no se convierta en un ejercicio de exclusión o silenciamiento. Una democracia saludable necesita voces críticas, especialmente aquellas que señalan errores, omisiones o riesgos en las decisiones públicas. La participación de las mujeres no debe verse como un obstáculo para gobernar, sino como una garantía de pluralismo y control democrático.

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Otro reto fundamental será la protección de los derechos ambientales. Colombia es una de las naciones con mayor biodiversidad del planeta y la Constitución reconoce la importancia de proteger el patrimonio ambiental para las generaciones presentes y futuras. El desarrollo económico es necesario, pero también lo es encontrar un equilibrio que permita crecer sin sacrificar ecosistemas estratégicos. Gobernar implica tomar decisiones complejas donde el crecimiento y la sostenibilidad no sean enemigos, sino objetivos complementarios.

Como abogado y ahora como presidente, Abelardo jurará proteger la Constitución y los derechos que ella consagra. Por eso, uno de los indicadores más importantes de su gobierno será el respeto por el Estado de derecho. Más allá de las diferencias ideológicas, los colombianos esperamos que su principal deber sea garantizar el cumplimiento de la Constitución, la independencia de las instituciones y el respeto por las libertades fundamentales.

Finalmente está el reto estrella “la seguridad”. Buena parte de su respaldo electoral se explica por la expectativa de que pueda devolverle tranquilidad a un país cansado de la violencia. Sin embargo, los problemas son profundos, reclutamiento forzado, desplazamiento de comunidades, control territorial de grupos armados y restricciones a las libertades de miles de ciudadanos. La seguridad no puede medirse únicamente por estadísticas de capturas o enfrentamientos; debe reflejarse en la posibilidad real de que las personas vivan sin miedo y ejerzan plenamente sus derechos.

Confío en las instituciones. Confío en la ética de quienes tienen la responsabilidad de defender la Constitución. Y confío en que, pese a las tensiones y perturbaciones que pueda experimentar el sistema político durante los próximos cuatro años, la democracia colombiana tendrá la fortaleza necesaria para preservar sus principios fundamentales.