Opinión
El abuso sexual intrafamiliar: una conversación que no puede seguir quedándose en casa
Por: Melissa Barreto
“Contrario al diálogo abierto y desprejuiciado que debería primar sobre el tema, a fin de dotar a los menores de herramientas y conocimientos para afrontar y protegerse del abuso sexual, es precisamente en este entorno donde termina ocurriendo en mayor medida, por falta de percepción del riesgo y conciencia de su posibilidad real”. Carmenate González, N. E. (2023). *El abuso sexual infantil intrafamiliar, una mirada desde la Psicología*. *Avances, 25*(1), 3-19.
En este escrito vamos a abordar una conversación profundamente incómoda y delicada: el abuso sexual infantil dentro de una estructura familiar. Tal como se menciona, no es una conversación fácil y hay ciertos aspectos que hacen que este tema sea aún más complejo.
Este es un tema que considero urgente abordar, por lo común que es y por las variantes que se han presentado en este fenómeno, como las redes sociales. Sin embargo, debe analizarse desde una mirada pluridisciplinar, para evitar revictimizaciones y generar confusiones con respecto al abuso sexual infantil intrafamiliar.
Así que voy a abordarlo de una forma más orgánica, distinta de aquella sobre la que comúnmente converso en mis columnas.
Siempre se nos ha dicho que la ropa sucia se lava en casa, pero el silencio es el mejor aliado de un abusador. En algunos casos de abuso sexual infantil intrafamiliar, la familia está al tanto de la situación, pero no tiene las herramientas para actuar o no quiere hacerlo, porque existen asimetrías de poder entre el abusador y el resto de la familia.

Justamente esta última situación es la que complejiza más el panorama, porque no se trata únicamente del acceso a la justicia, de contar con protocolos médicos actualizados o de brindar apoyo a la familia desde el trabajo social. El tema también se trata como un tabú, como algo que se prefiere ignorar antes que enfrentar.
Esta es una situación sumamente dañina para la víctima, para un menor que apenas está desarrollándose y que no tiene las herramientas ni las competencias para afrontar la situación por sí mismo. El menor depende del cuidado y la protección de su núcleo familiar.
Mi intención no es abrir heridas ni incomodar con esta columna, pero tenemos que visualizar el abuso sexual infantil desde la complejidad del asunto: desde el familiar que tiene el cariño y el respeto de todos, pero es un pederasta, y todos prefieren ignorarlo antes que denunciarlo: el abuelo, el tío, el esposo o el padre de los hijos. Es incluso más tabú cuando es una mujer la que abusa sexualmente de niños.
Muchas veces, cuando hablamos de asimetría de poder, imaginamos únicamente el poder económico o legal, pero el poder también lo tienen los abusadores cuando el tabú está presente, cuando no se quiere denunciar o proteger al menor por temor a lo que dirán o a “destruir” la familia.
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“La Fiscalía General de la Nación presentó ante un juez penal de control de garantías a un hombre de 60 años, capturado en el municipio de Fresno, en el departamento del Tolima, por el CTI, con apoyo de la Policía Nacional, acusado de abusar sexualmente de ocho integrantes de su familia por más de dos décadas”. *El Espectador*, «Capturan a hombre que habría abusado a ocho integrantes de su familia en Tolima y Bogotá».
Este caso aún está bajo investigación y las víctimas relatan que existieron amenazas de muerte y violencia física por parte del abusador para evitar que fuera denunciado. Por eso, es importante identificar señales de abuso sexual infantil y generar espacios de confianza y comunicación.
A los niños hay que enseñarles a reconocer sus partes íntimas, hablarles de sexo según su edad y desde la pedagogía, enseñarles acerca del consentimiento y ayudarles a desarrollarlo, escucharlos sin juzgarlos y creerles, especialmente, cuando comuniquen situaciones de abuso.
Hablar acerca de educación sexual con menores es incómodo, pero no hacerlo trae consecuencias graves, más allá de los embarazos no deseados. Cuando se ve el abuso sexual infantil como un tabú o como algo lejano y ajeno al entorno, se crea el ambiente perfecto para los abusadores.
Algunas de las formas más comunes de reconocer que un niño fue víctima o es víctima de abuso sexual son:
- Señales físicas: Lesiones en los genitales, infecciones en el tracto urinario y moretones en el cuerpo sin causa aparente.
- Cambios bruscos en la conducta del menor: Ansiedad, retraimiento o introversión extrema.
- Alteraciones en el sueño y en los hábitos: Terrores nocturnos, orinar la cama o la ropa cuando ya no lo hacía, miedo a estar solo o a quedarse a solas con algún familiar o conocido.
Estas son las señales más comunes establecidas por protocolos internacionales. Sin embargo, cada menor es distinto y todos enfrentan el trauma y la situación de manera diferente. Por eso, es importante hablarles acerca de educación sexual, lograr que tengan conocimiento de qué situaciones pueden constituir un posible abuso y mantener una comunicación segura y basada en la confianza con el menor.
“Ocurre un abuso sexual cuando un niño es comprometido en actividades sexuales que este no puede entender y para las cuales no está preparado ni puede dar un consentimiento consciente, y que violan las leyes o las prohibiciones sociales. Las actividades sexuales incluyen todas las formas de contacto genital, bucal o anal con el niño o hacia este, así como los abusos sin contacto, tales como el exhibicionismo y el voyeurismo, o utilizar al niño en la producción de material pornográfico” (AAP, 1999, p. 11).
Es importante entender que el abuso sexual en menores no excluye prácticas sexuales menos divulgadas, pero que, de hecho, son más comunes, tales como el sexo anal, el sexo oral, los tocamientos y el contenido explícito, ya que el abusador busca que este abuso no sea tan evidente para poder continuar abusando del menor.
La pornografía infantil también representa un alto riesgo, que se vuelve cada vez más común por la facilidad para compartir y buscar contenido por medio de las redes sociales. Por eso, también debe prevenirse y comunicarse al menor la existencia de este riesgo, buscando herramientas adaptadas a su edad y a su ciclo de aprendizaje, para que pueda identificar si se encuentra expuesto a este tipo de abuso.
Espero que esta columna sea vista por el lector como una herramienta y que sea de utilidad para la prevención.
