domingo, 26 de julio de 2026 10:23

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Opinión

TOLIMENSE NO COME TOLIMENSE, ¡cuidado con eso Senador Caicedo!

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Por: Juan Esteban Espinel Díaz

Hay una frase que debería convertirse en una bandera para nuestra dirigencia: “Tolimense no come Tolimense”. No porque signifique renunciar al control político o guardar silencio frente a los errores, sino porque recuerda una verdad elemental: cuando un tolimense llega a ocupar un espacio de decisión en el Gobierno Nacional, quien gana no es únicamente una persona; gana el departamento entero.

Por eso sorprende el reciente pronunciamiento del recién posesionado Senador Juan Caicedo solicitando reconsiderar el nombramiento de Didier Blanco en la Unidad Nacional de Protección. Más allá de las diferencias que puedan existir entre ambos, el mensaje que termina enviándose al país es que los propios tolimenses somos los primeros en cerrarles las puertas a nuestros coterráneos.

La política no puede convertirse en un ejercicio permanente de descalificación, mucho menos cuando se trata de cargos en los que la representación regional puede convertirse en una oportunidad para gestionar, abrir caminos y acercar al Tolima a las decisiones del nivel nacional.

Los departamentos que hoy tienen mayor influencia en Colombia, entendieron hace mucho tiempo, que las diferencias electorales deben quedarse en las campañas. Antioquia, Santander, Atlántico o el Valle del Cauca suelen cerrar filas cuando uno de los suyos llega a un cargo estratégico. Aquí, en cambio, pareciera que algunos prefieren preguntarse cómo impedirlo antes que cómo aprovecharlo para el beneficio colectivo.

Eso no significa que los funcionarios estén por encima del escrutinio público. Todo servidor debe responder por sus actuaciones y asumir las consecuencias de sus decisiones. Pero una cosa es ejercer control político con argumentos y otra muy distinta es salir a pedir que se reverse un nombramiento antes de que siquiera pueda demostrar su gestión.

Los Tolimenses que votaron por la lista cerrada del Centro Democrático, muchos lo hicieron para que Juan Caicedo llegara al Senado de la República a representar los intereses del departamento, gestionar inversiones, abrir puertas, defender proyectos y hacer que el Tolima tenga una voz fuerte en Bogotá. No para convertirse en el principal obstáculo cuando un paisano llega a ocupar una responsabilidad en el Gobierno Nacional.

El liderazgo también se mide por la capacidad de construir región, y construir región implica entender que cada espacio conquistado por un tolimense puede convertirse en una oportunidad para todos, sin importar la orilla política desde la que provenga.

Lo que más llama la atención es que hace apenas unos días el propio senador dejó una frase que fue ampliamente celebrada: “No vinimos a quejarnos, llegamos a trabajar.” Es un mensaje acertado, inspirador y necesario.

Precisamente por eso vale la pena recordárselo.

Si no fue a quejarse, entonces trabaje. Trabaje para que el Tolima tenga más representación nacional, trabajen para atraer inversión, trabaje para conseguir recursos para vías, hospitales, el deporte, el campo la educación y la seguridad, trabajen para que más tolimenses lleguen a posiciones de liderazgo en el Estado.

Dedicar el capital político a cuestionar el nombramiento de un hijo de la misma tierra, difícilmente puede entenderse como una contribución al desarrollo regional. El Tolima necesita una dirigencia que compita en las urnas, pero que coopere cuando están en juego los intereses del departamento. Que debata ideas, no personas. Que abra puertas, no que las cierre.

La grandeza de una región no depende únicamente de cuántos cargos obtiene en el Gobierno Nacional, o cuántas curules en el Congreso, sino de la capacidad de sus dirigentes para respaldar a quienes llegan allí y exigirles resultados, no impedirles el camino antes de empezar.

“Tolimense no come Tolimense” no debe ser una frase de momento, debe convertirse en un principio de actuación pública, porque mientras sigamos creyendo que el éxito de un coterráneo es una derrota propia, el Tolima seguirá perdiendo oportunidades.

Y el departamento ya ha esperado demasiado para que sus líderes entiendan que la verdadera política no consiste en poner palos en la rueda, sino en aportar para que el Tolima avance.

Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.