domingo, 30 de agosto de 2026 12:23

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Opinión

El Tolima después del triunfo de Abelardo: ¿ventaja para la derecha o oportunidad para la izquierda?

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Por: Dahian García Covaleda

Las elecciones territoriales de 2027 comienzan a tomar forma mucho antes de que se conozcan oficialmente todas las candidaturas. En Colombia, y particularmente en departamentos como el Tolima, el escenario que se está configurando merece una lectura que vaya más allá de la tradicional división entre izquierda y derecha.

La primera conclusión que parece evidente es que existe una derecha electoralmente fortalecida. Sin embargo, esa fortaleza no necesariamente significa unidad. Y allí puede estar su principal debilidad.

Durante los próximos meses, diferentes partidos y sectores de la derecha tendrán que decidir si compiten por separado o si construyen acuerdos alrededor de candidaturas comunes. El Partido Conservador, el Centro Democrático, Cambio Radical y nuevas fuerzas de derecha tendrán que resolver una pregunta fundamental: ¿es más importante conservar la identidad política de cada partido o maximizar las posibilidades de ganar alcaldías y gobernaciones?

El surgimiento y fortalecimiento de nuevas expresiones políticas puede modificar ese equilibrio. Salvación Nacional, por ejemplo, representa una alternativa para sectores de derecha que buscan diferenciarse de las estructuras políticas tradicionales. Al mismo tiempo, Cambio Radical conserva una estructura política propia, pero no sería extraño que algunos sectores de sus bases y dirigentes exploren acuerdos o coaliciones con nuevas fuerzas.

El problema es que una derecha con buenos resultados agregados puede terminar perdiendo elecciones si esos votos se distribuyen entre demasiadas candidaturas.

En una elección ejecutiva territorial no basta con preguntarse cuántos votos tiene un sector político en total. La verdadera pregunta es cómo están distribuidos esos votos. Tres candidaturas de derecha pueden sumar, entre todas, una mayoría del electorado y, aun así, permitir que una candidatura de izquierda gane con una votación considerablemente menor si consigue concentrar detrás de sí a la mayoría de un mismo bloque.

Ese puede ser uno de los grandes dilemas de 2027.

Pero la izquierda tampoco parte del mismo lugar en el que llegó a las elecciones presidenciales. Después de una derrota electoral nacional, el progresismo tiene dos caminos: fragmentarse y competir entre sus propias corrientes o entender que las elecciones territoriales requieren una estrategia diferente.

Todo indica que el segundo camino puede resultar mucho más atractivo.

La izquierda podría utilizar el resultado presidencial como punto de partida para una reorganización territorial. El objetivo ya no sería únicamente disputar el poder nacional, sino construir o conservar espacios en gobernaciones, alcaldías, asambleas y concejos. Para lograrlo, tendría que fortalecer sus listas y, sobre todo, aprender a concentrar el voto alrededor de candidaturas competitivas.

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Una derrota presidencial, paradójicamente, puede convertirse en una oportunidad para reorganizarse.

En este escenario, las elecciones de 2027 no necesariamente serán una simple repetición de las elecciones presidenciales. El comportamiento del elector cambia cuando se elige alcalde o gobernador. Las preocupaciones locales adquieren mayor peso y las estructuras políticas territoriales vuelven a ser determinantes.

En el Tolima esto resulta especialmente relevante.

El departamento tiene una tradición política en la que las estructuras partidistas, los liderazgos regionales, las alianzas entre dirigentes y la capacidad de movilización electoral tienen un peso considerable. Por eso, reducir la discusión a izquierda contra derecha sería insuficiente.

El verdadero escenario podría estar compuesto por varios bloques de derecha, sectores de centro, estructuras tradicionales y una izquierda que intente llegar unificada a las elecciones.

Y aquí aparece la paradoja.

Si la derecha conserva una ventaja electoral importante pero llega dividida, mientras la izquierda logra reducir sus diferencias y concentrar su votación, la ventaja inicial puede desaparecer el día de las elecciones.

No significa que la izquierda tenga asegurada una victoria. Tampoco significa que la derecha esté condenada a perder. Significa algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, más importante: en política electoral, tener más votos potenciales no siempre significa tener más posibilidades de ganar.

La elección se define por la capacidad de convertir esos votos potenciales en una mayoría efectiva.

Por eso, durante los próximos meses será más importante observar las alianzas que los discursos. Será necesario mirar qué partidos están dispuestos a ceder candidaturas, cuáles prefieren competir solos, qué sectores comienzan a acercarse y cuáles estructuras logran construir acuerdos territoriales.

El tablero todavía está abierto y precisamente por eso, más que preguntarnos ¿quién tiene hoy la mayoría?, deberíamos preguntarnos ¿quién será capaz de construirla cuando llegue el momento de votar?