lunes, 7 de septiembre de 2026 13:38

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Opinión

El lugar del arte en nuestras vidas

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Por: José Julián Ñáñez Rodríguez – director del Doctorado en Ciencias de la Educación de la UT y Alejandra Barrios Rivera – magíster en Educación.

Vivimos en el momento de mayor abundancia de arte reproducido de toda la historia. Cualquier pintura del mundo cabe en una pantalla de bolsillo, cualquier sinfonía se escucha sin salir de casa, cualquier novela se resume en minutos si el tiempo aprieta. Y sin embargo, una parte considerable de quienes tienen la posibilidad de elegir sigue haciendo fila para entrar a un museo, sigue comprando boletas para un concierto que también existe grabado, sigue apartando horas para leer un libro completo que ya conoce por reseñas. No es una conducta universal ni obligatoria, pero su sola persistencia, contra toda lógica de la eficiencia, es la que vale la pena mirar de cerca.

Tras la pandemia, museos como el Louvre o los Museos Vaticanos no solo recuperaron sus cifras de visitantes, las superaron, y el Prado pasó de 2,46 millones en 2022 a 3,34 millones en 2023, por encima ya de los niveles previos a 2020 (Consejo Internacional de Museos, 2023; Ministerio de Cultura de España, 2026). El mismo patrón se repite, con menos precisión estadística pero igual insistencia, en las salas de concierto que agotan boletas y en los clubes de lectura que crecen justo cuando más fácil sería conformarse con un resumen.

Esa insistencia tiene una explicación que va más allá de la nostalgia o el prestigio social de asistir. Nietzsche (1872/2004) ya había afirmado que «solo como fenómeno estético están justificados eternamente la existencia y el mundo», una frase que no habla del arte como adorno de la vida sino como aquello que la vuelve soportable, incluso necesaria. Didi-Huberman (2021) llega a una conclusión afín por otra vía, al sostener que la imagen no es un dato que se archive y se transmita sin pérdida, sino un gesto, algo que solo se completa cuando un cuerpo se pone delante de ella y le presta su tiempo y su atención. Una reproducción puede transmitir la información de la obra, su composición, sus colores, incluso su historia, pero no puede completar ese gesto, porque el gesto necesita la presencia de quien lo recibe tanto como la de quien lo hizo.

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Esa misma lógica, aunque cambie de forma, atraviesa cualquier arte. Un concierto en vivo no ofrece mejor sonido que una grabación de estudio, ofrece un cuerpo compartiendo el mismo instante irrepetible con otros cuerpos, algo que ninguna copia puede replicar por definición. Una novela leída de principio a fin no aporta datos que un resumen no pueda dar más rápido, aporta el tiempo sostenido de atención que la obra exige para desplegarse, un tiempo que el resumen, por diseño, elimina. En todos los casos se repite la misma condición, el arte no termina de existir hasta que alguien le dedica una presencia que no se puede tercerizar.

Reconocer esto cambia el lugar que le damos al arte en la vida cotidiana. No es un contenido más entre los muchos que compiten por nuestra atención dispersa, es de los pocos que exige justamente lo contrario, una atención que no se reparte mientras hace otra cosa. Si seguimos yendo a los museos, a los conciertos, a las páginas de un libro que ya podríamos resumir, es porque en algún nivel sabemos que ese tipo de atención sostenida no es un lujo prescindible, es una de las pocas formas que nos quedan de experimentar algo sin la mediación constante de un resumen, un extracto o una recomendación algorítmica.

Perder ese lugar no significaría dejar de consumir arte, seguiríamos rodeados de imágenes, canciones y fragmentos de texto todo el día. Significaría perder la capacidad misma de sostener una atención completa frente a algo, y con ella, la posibilidad de que ese algo termine de decirnos lo que solo puede decir cuando se le da tiempo entero.

Referencias

Consejo Internacional de Museos. (2023). Informe anual 2023. ICOM.

Didi-Huberman, G. (2021). Ninfa dolorosa: Ensayo sobre la memoria de un gesto. Shangrila.

Ministerio de Cultura de España. (2026). Estadística de museos y colecciones museográficas 2024.

Nietzsche, F. (2004). El nacimiento de la tragedia (A. Sánchez Pascual, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1872).

Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.