sábado, 5 de septiembre de 2026 08:38

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Opinión

¿Quién valora el arte?

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Por: José Julián Ñáñez Rodríguez – director del Doctorado en Ciencias de la Educación de la UT y Alejandra Barrios Rivera – magíster en Educación.

En 2011, un grupo reducido de especialistas confirmó que un cuadro atribuido durante generaciones a un seguidor menor de Leonardo da Vinci era, en realidad, obra del propio maestro. El lienzo no cambió ni un trazo. Lo que cambió fue el modo en que el público se paró frente a él, algunos visitantes dijeron haber llorado ante la misma imagen que antes de 2011 nadie se detenía a mirar con atención. El precio de la obra, que terminó en 450 millones de dólares en 2017, fue apenas el síntoma más visible de algo más profundo, un objeto idéntico había adquirido un significado que antes no tenía.

Esa transformación no depende de las propiedades físicas de la pintura, y por eso vale la pena preguntarse qué la produce. Danto (1981/2002) respondió a esa pregunta mostrando que dos objetos materialmente indiscernibles pueden pertenecer a categorías completamente distintas, uno mera mercancía y otro obra de arte, según el entramado teórico e institucional que los rodea. El color y la composición del Salvator Mundi eran los mismos antes y después de 2011, lo que cambió fue el marco desde el cual se le miraba, y ese marco no está pintado en el lienzo, lo aporta quien decide cómo presentarlo.

Ese marco no lo construye una sola persona ni una sola disciplina. Bourdieu (1992) llamó capital simbólico a la autoridad que instituciones, críticos y expertos acumulan para poder emitir ese tipo de veredictos, una autoridad que no se compra directamente sino que se gana con reconocimiento previo, y que solo después de consolidarse empieza a traducirse en otras formas de valor, incluido el económico. Antes de ser una cifra de subasta, la reatribución del Salvator Mundi fue un consenso entre historiadores del arte respaldado por una institución dispuesta a exhibirlo como pieza confirmada.

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La misma lógica organiza el canon literario, aunque los actores cambien. De Diego (2024) muestra que decidir qué libro perdura no depende solo del juicio estético de un crítico aislado, sino de decisiones de catálogo, colecciones como Archivos de la Unesco o proyectos editoriales que eligen qué reeditar y distribuir de manera masiva. Una novela puede circular décadas sin mayor eco y, cuando una colección prestigiosa decide incluirla, empezar a leerse de otra manera, no porque el texto haya cambiado, sino porque el marco que lo presenta le pide al lector otra clase de atención.

Reconocer este mecanismo no vuelve falso lo que sentimos frente a una obra. Quien lloró frente al Salvator Mundi después de 2011 tuvo una experiencia real, no fingida, aunque esa experiencia dependiera de un veredicto ajeno que él ni siquiera conocía en detalle. Lo que cambia al entender esa mecánica no es la legitimidad del efecto, sino la conciencia de su origen, ese efecto no brotó espontáneamente del objeto, llegó mediado por decisiones humanas concretas, tomadas en instituciones concretas, con intereses que no siempre coinciden con el mérito artístico.

Esa conciencia devuelve algo importante a quien mira, lee o escucha una obra. Si el significado de una pieza no está sellado de una vez por todas en su materia, sino que depende del marco que alguien más construyó, entonces también queda abierta la posibilidad de que el espectador arme su propio marco, uno que no necesite el respaldo de una subasta millonaria ni de una colección prestigiosa para reconocer que algo, frente a él, merece ser mirado con atención.

Referencias

Bourdieu, P. (1992). Las reglas del arte: génesis y estructura del campo literario. Anagrama.

Danto, A. (2002). La transfiguración del lugar común: Una filosofía del arte (Á. y A. Mollá Román, Trad.). Paidós. (Obra original publicada en 1981).

De Diego, J. L. (2024). La sagrada mercancía: Estudios sobre literatura y edición. Ampersand.

Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.