Opinión
Paz con justicia o rendición ante el crimen: la encrucijada de Colombia este domingo
Por: Henry Arvey Torres Pinilla
Y por eso los invito este 21 de junio a elegir el carácter del tigre Abelardo
Colombia se encuentra en una encrucijada definitiva. Este domingo 21 de junio, el país no solo elegirá un nombre en el tarjetón; elegirá entre la realidad de una propuesta con orden o la agonía de un modelo sostenido sobre la mentira y el resentimiento institucional. Es momento de hablar sin tapujos, con el carácter que exige la crisis actual y sin el miedo que las bodegas electrónicas y los perfiles falsos pretenden sembrar en la ciudadanía.
Examinemos el relato de la campaña de Iván Cepeda frente a la cruda realidad nacional. Nos hablan enérgicamente de defender los derechos humanos, pero guardan un silencio cómplice ante los grupos narcoterroristas que, en las regiones, amenazan de muerte a todo aquel que no vote por su ideología. No hay defensa de la vida cuando el proselitismo se ejerce bajo la sombra del fusil y la extorsión territorial. El cinismo de su discurso se extiende al plano ambiental: se autoproclaman los guardianes de la naturaleza y los páramos, pero cierran los ojos ante la deforestación masiva de nuestras selvas y bosques nativos, sacrificados para el cultivo ilícito, y se hacen de la vista gorda con la minería ilegal controlada por bandas criminales que hoy envenenan las fuentes hídricas. Dicen ser la «propuesta de la vida», pero promueven agendas proaborto y desatan jaurías digitales para atacar, perfilar y amenazar a todo ciudadano que se atreva a pensar diferente o a defender los valores tradicionales de la familia.
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En materia social, la desconexión es destructiva. Hablan de la salud mientras tienen al sistema nacional bajo una sentencia de muerte ejecutada con sevicia. Hoy, los colombianos —especialmente nuestros niños y adultos mayores— sufren el desabastecimiento crónico de medicamentos esenciales, la pérdida de continuidad en tratamientos de enfermedades de alto costo y la suspensión de cuidados paliativos. La salud no se defiende destruyendo lo construido; se defiende garantizando la atención curativa real y oportuna, no condenando al paciente a la fila de la incertidumbre médica.
La educación tampoco escapó a sus falsas promesas de «cero pesos». En lugar de progreso, asfixiaron al Icetex, incrementaron de forma desmesurada los intereses de los créditos educativos preexistentes y dejaron en el olvido las universidades regionales que prometieron construir. Lo propio ocurre con la economía: nos venden falsas cifras de crecimiento, pero lo que realmente dinamiza la economía de calle es el flujo financiero de actividades al margen de la ley. La minería ilegal, el microtráfico, el secuestro, la extorsión, la delincuencia común y el narcotráfico han suplantado la inversión legal. No hay creación de empresa, no hay seguridad jurídica ni garantías para la inversión local o extranjera. Es una economía criminalizada.

El desprecio por el futuro se evidencia en su complacencia con los peores flagelos del país: dicen proteger a la niñez, pero son amigos de los reclutadores y violadores de menores en los territorios. Mientras tanto, a nuestra fuerza pública la condenan al desamparo operativo y a la muerte bajo la bandera de una falsa paz e impunidad, donde los criminales reciben estatus de «gestores de paz» y los soldados ven vulnerada la convicción de sus instituciones democráticas dónde instrumentalizaron la JEP como fabrica de legalización de falsos positivos para desprestigiar a nuestros héroes de la patria.
Su retórica del respeto es desmentida diariamente por un discurso presidencial cargado de confrontación, odio y división, respaldado por medios no convencionales dedicados exclusivamente a la difamación y las noticias falsas. Su supuesto respeto por la Constitución es solo una máscara para convocar una asamblea constituyente a la fuerza; una amenaza velada de salir a incendiar el país a través de su ‘primera línea’ y sus grupos narcoterroristas si los resultados democráticos les resultan adversos, Pero más importante es que nosotros los ciudadanos de bien debemos salir a respaldar nuestras instituciones para defender la democracia y nuestra constitución sin temor de estos bandidos.
Por estas razones, Colombia necesita un timonazo con firmeza. Este 21 de junio, el voto por el tigre Abelardo representa la opción real de recuperar una «patria milagro». Su propuesta encarna la paz con justicia, donde la ley impera y el delincuente es tratado como delincuente. Abelardo representa la reactivación productiva basada en el trabajo honesto y el desarrollo, sin necesidad de recurrir a la economía del crimen. Significa rescatar una educación de calidad y libre de adoctrinamientos de necroideologías nocivas para el tejido social, devolviendo a las aulas los principios, el mérito y los valores.
Por eso respaldo al Tigre Abelardo.
Porque representa carácter cuando otros ofrecen excusas.
Porque representa autoridad cuando otros justifican el desorden.
Porque representa seguridad cuando los ciudadanos tienen miedo.
Porque representa oportunidades para quienes trabajan, producen y emprenden.
Porque representa la defensa de la democracia, la familia, las libertades y las instituciones.
Ha llegado la hora de recuperar el rumbo.
La hora de demostrar que Colombia no se arrodilla ante el crimen ni se resigna al fracaso.
Este 21 de junio salgamos a votar con valentía, con convicción y con amor por nuestra patria.
Porque la paz sin justicia es rendición.
Porque la democracia se defiende votando.
Y porque Colombia merece volver a creer.
