sábado, 25 de julio de 2026 11:24

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Opinión

¿Porque tanto hate a Didier Blanco? Es una discusión sobre la idoneidad o una disputa por el poder…

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Por: Dahian García Covaleda

La explicación más sencilla es la que se ha repetido en medios de comunicación. Didier Blanco tiene un historial de publicaciones agresivas en redes sociales contra periodistas, opositores y dirigentes de izquierda. Quienes cuestionan su nombramiento sostienen que la UNP no puede ser dirigida por alguien que previamente ha descalificado públicamente a personas que, eventualmente, deberá proteger.

Ese argumento es legítimo y merece consideración. La UNP no administra una política partidista; administra la vida de cientos de personas amenazadas por razones políticas, sociales o criminales. La confianza institucional es parte del cargo.

Sin embargo, la intensidad de la reacción deja abierta una pregunta inevitable ¿es realmente esa la única razón detrás de la inconformidad?
En política, pocas discusiones son exclusivamente morales. Generalmente también existen intereses institucionales y disputas de poder.
La UNP es una de las entidades con mayor capacidad presupuestal y operativa del Estado colombiano. Maneja miles de contratos relacionados con vehículos blindados, esquemas de protección, combustible, logística, escoltas y operadores privados. Durante años ha sido objeto de denuncias por corrupción, clientelismo y utilización política.

Controlar la UNP significa controlar una entidad con enorme influencia administrativa y presupuestal.

Desde esa perspectiva, la llegada de un director completamente identificado con el nuevo presidente podría significar una ruptura con redes de poder que han permanecido durante distintos gobiernos. Esa posibilidad genera resistencia incluso dentro de sectores que apoyan al nuevo gobierno.

Existe además un elemento político que suele pasarse por alto.

Didier Blanco no proviene del establecimiento tradicional del Centro Democrático. Su crecimiento ocurrió principalmente a través de redes sociales, donde construyó una audiencia propia con un discurso frontal. Ese tipo de liderazgo independiente suele generar incomodidad dentro de estructuras partidistas consolidadas, donde las jerarquías y los liderazgos históricos tienen un peso considerable.
No sería la primera vez que una figura externa despierta más resistencia entre quienes se consideran aliados que entre sus adversarios políticos.

También resulta llamativo que algunos de los cuestionamientos más fuertes hayan venido de personas que durante años denunciaron la politización de la UNP, pero que ahora parecen más preocupadas por el perfil ideológico del nuevo director que por las reformas que eventualmente pueda impulsar.

Eso no significa que sus críticas sean infundadas. Significa que probablemente existen varias capas en esta discusión.
Una hipótesis es que algunos sectores teman que Didier emprenda una revisión profunda de contratos, esquemas de protección y decisiones administrativas tomadas durante años. Si eso ocurre, inevitablemente afectará intereses económicos y políticos.
Otra posibilidad es que algunos dirigentes busquen marcar independencia frente al nuevo gobierno desde el primer día. En política, demostrar autonomía también construye capital político.

Existe incluso una tercera lectura que parte del establecimiento de derecha considere que el estilo confrontacional que hizo popular a Didier Blanco funciona para la oposición, pero no para dirigir una institución del Estado.

Las tres hipótesis pueden coexistir.

Lo cierto es que, hasta el momento, ninguna de ellas ha sido demostrada. Son interpretaciones razonables de un escenario político complejo, no hechos comprobados.

Al final, la verdadera prueba no será lo que Didier Blanco escribió en X hace algunos años, sino lo que haga al frente de la UNP.

Si protege con el mismo rigor a un periodista de izquierda, a un dirigente del Centro Democrático, a un líder social, a un magistrado o a un excombatiente amenazado, la polémica irá perdiendo fuerza con el tiempo.

Si, por el contrario, la entidad comienza a mostrar sesgos políticos en la asignación o administración de los esquemas de protección, quienes hoy cuestionan su nombramiento sentirán que tenían razón.

En democracia, las instituciones terminan siendo juzgadas menos por los discursos de quienes las dirigen y más por la imparcialidad de sus decisiones. Didier Blanco tiene ahora la oportunidad y la responsabilidad, de demostrar cuál de esas dos historias terminará escribiendo la UNP bajo su liderazgo.

Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.