sábado, 13 de junio de 2026 00:58

Connect with us

Opinión

La encrucijada de Colombia: Entre el esfuerzo, la comodidad y el futuro democrático

Published

on

Por: Edwin Ramírez

A escasos 18 días de definir quién será el próximo presidente de Colombia, el panorama es complejo. Asistimos a una evidente decadencia de los partidos políticos tradicionales y de los liderazgos regionales, mientras el país se debate entre dos visiones contrapuestas de gobierno: un modelo capitalista y otro de corte socialista.

Este escenario me hace recordar la postura del filósofo Friedrich Nietzsche sobre la «moral de amo» y la «moral de esclavo». En la actualidad, parece primar esta última, transformándose en votos que alimentan agendas populistas. Nos enfrentamos a una preocupante tendencia social hacia la comodidad, donde se prefiere el asistencialismo antes que el esfuerzo. Es común ver críticas hacia quienes nos levantamos temprano a trabajar, estudiar, emprender y buscar un mejor futuro para nuestras familias. A menudo, se nos tacha de egocéntricos o «ricos», ignorando por completo las batallas individuales y los sacrificios que cada quien ha tenido que sostener para construir lo que hoy tiene.

Le puede interesar: Cuando la democracia solo vale si se gana

Hay que ser realistas: en nuestra historia reciente, tanto la derecha como la izquierda han puesto muertos. Ambos espectros políticos se han visto contaminados por el flagelo del narcotráfico y la corrupción. Por eso, el debate actual no debería ser ideológico, sino práctico: ¿cómo sacamos a Colombia de la pobreza?

La respuesta está en el respeto mutuo, en el crecimiento cultural, en la educación, la salud y la infraestructura. Colombia ha venido de menos a más. Hemos fortalecido nuestras instituciones y avanzado en conectividad gracias a herramientas jurídicas clave, como las vigencias futuras o las leyes de expropiación por vía legal, que nos han permitido expandir la infraestructura del país.

El mensaje que quiero dejar hoy es una invitación a la reflexión: si seguimos abrazando la complacencia de esa «moral de esclavo», el destino inevitable será la pobreza espiritual y material. El único camino viable es fortalecer nuestra democracia, garantizar que las próximas votaciones se celebren en paz y asegurar la total legitimidad de nuestro sistema electoral.