sábado, 19 de septiembre de 2026 11:26

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Opinión

El agotamiento de lo gris

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Por: José Julián Ñáñez Rodríguez – director del Doctorado en Ciencias de la Educación de la UT y Alejandra Barrios Rivera – magíster en Educación.

Basta volver sobre esa imagen de la decoración contemporánea que abandonó el color a favor de blancos, grises y madera clara, pero mirándola ya no como una cuestión de estilo sino como síntoma de algo más amplio, el mismo cansancio que nos hizo preferir lo neutro en una pared parece ser también el que nos está apagando el interés por lo demás, la conversación que evitamos por pereza, la curiosidad que ya no perseguimos, la indignación que sentimos cada vez con menos frecuencia frente a lo que antes nos tocaba.

Ese agotamiento tiene un correlato medible. La Organización Mundial de la Salud (2022) reportó que, solo durante el primer año de la pandemia, la prevalencia mundial de ansiedad y depresión aumentó un 25 por ciento. El dato no explica por sí solo el fenómeno, pero confirma que hablar de una sociedad cansada no es una metáfora vacía, es una descripción con respaldo epidemiológico.

Han (2012) ofrece la explicación que conecta ambos extremos, sostiene que la sociedad contemporánea dejó atrás el modelo disciplinario, el que exigía obediencia a una autoridad externa, para instalar un modelo de rendimiento, en el que cada quien se convierte en su propio explotador, incapaz de distinguir cuándo detenerse porque ya no hay una orden externa que marque el límite. El resultado no es solo cansancio físico sino una especie de vaciamiento del interés, uno que se manifiesta en formas muy distintas, desde la incapacidad de sostener una conversación sin distraerse hasta la imposibilidad, señalada por el propio Han (2014), de sostener una revolución, porque toda revolución necesita un enemigo externo claro y energía suficiente para enfrentarlo, dos cosas que el sujeto agotado ya no tiene disponibles. La revolución es apenas uno de los síntomas de esa lista, no el centro de la explicación, tan revelador como la incapacidad de indignarse ante una noticia que hace pocos años habría generado una reacción inmediata o de decidir un color para una pared.

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Si el agotamiento no solo reduce nuestra energía, sino también nuestra disposición para cuestionar aquello que aceptamos por costumbre, algunas de nuestras elecciones cotidianas empiezan a confundirse con preferencias personales que, en realidad, no elegimos del todo.

Frente a ese diagnóstico, Gros (2018) no propone una salida heroica sino una mucho más modesta y, por eso mismo, más practicable. Para él, la desobediencia no tiene que dirigirse contra un sistema completo para tener sentido, basta con que sea un acto deliberado de decir no a lo que se acepta por costumbre o por cansancio, negarse a la conversación superficial que reemplaza a la real, negarse a la opinión prestada que reemplaza al juicio propio, negarse, incluso, a la pared neutra que se elige porque es más fácil no decidir. Esa desobediencia menor no cambia el sistema, pero le devuelve al sujeto cansado la experiencia de que todavía puede decidir algo.

Reconocer esta conexión entre el agotamiento personal y la estética que nos rodea no exige ningún llamado a la acción colectiva ni a recuperar antiguas formas de protesta. Exige algo más pequeño y, tal vez, más urgente, notar cuándo una elección que parece de gusto es, en realidad, la forma en que el cansancio se disfraza de preferencia personal. Distinguir esa diferencia no resuelve el agotamiento, pero al menos evita que terminemos por confundirlo con quienes somos.

Referencias

Gros, F. (2018). Desobedecer (J. Vivanco Gefaell, Trad.). Taurus. (Obra original publicada en 2017).

Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder.

Han, B.-C. (2014, 22 de septiembre). ¿Por qué hoy no es posible la revolución? El País.

Organización Mundial de la Salud. (2022). La pandemia de COVID-19 aumenta en un 25% la prevalencia de la ansiedad y la depresión en todo el mundo.

Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.