jueves, 24 de septiembre de 2026 21:28

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Opinión

Los Fernandos a la Gobernación del Tolima: Murillo y Borja

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Por: Ramiro Suárez Peña

El barretismo ya alista sus propias tropas para la Gobernación del Tolima con Óscar Barreto Quiroga a la cabeza y, en extensión, para la Alcaldía de Ibagué con Ricardo Orozco Valero. Dos exgobernadores jugando en tablero propio.

El arte de la contienda por el primer cargo del departamento se libra en dos frentes: por un lado, la fuerza de quienes buscan imponerse; por el otro, el pulso de quienes se resisten a aceptar imposiciones. Ante un electorado a menudo permeable a las promesas del continuismo, suele cometerse el error de confundir la mayoría de los votos con tener la razón.

En este ajedrez regional, cuando el poder depende del clientelismo y la presión, las lealtades se vuelven maleables: «estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros». En cambio, cuando nace de la convicción, las bases buscan refugio en causas más firmes.

Hoy, los extremos y las alternativas ya tienen nombres propios. En las orillas consolidadas están Guillermo Alfonso Jaramillo y el propio Óscar Barreto. En el centro de las tercerías emergen “los Fernandos”: el general Fernando Murillo y Fernando Borja.

Cuatro nombres para un departamento donde las discusiones programáticas suelen quedar sepultadas bajo el espectáculo mediático y los cálculos de maquinaria. Los perfiles son tan dispares como sus orígenes: un bloque progresista cohesionado alrededor de la figura de Jaramillo, frente a una derecha fragmentada entre Barreto y la baraja de los dos Fernandos.

Con la mira puesta en las elecciones regionales de 2027, la baraja no deja nada al azar. En ese escenario entra como carta de peso el general Fernando Murillo Orrego, promovido desde sectores afines a José Félix Lafaurie y María Fernanda Cabal.

Tras el desgaste en el orden nacional, el pulso local anticipa fracturas. Si aspiran a romper la hegemonía de las esquinas tradicionales, los Fernandos no solo necesitarán convencer a sus bases naturales: tendrán que seducir al votante desencantado de los extremos y recoger los restos del matiz conservador disidente para inclinar la balanza.