sábado, 25 de julio de 2026 10:02

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Opinión

Las reflexiones que nos dejó el mundial

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Por: Melissa Barreto

La cobertura más fuerte sobre este tema insistió en que el problema no era solo la existencia de denuncias, sino la continuidad de la carrera deportiva de los jugadores mientras sus casos seguían abiertos o sin resolución definitiva. También se subrayó que las federaciones y la FIFA no aplicaron sanciones uniformes ni protocolos claros frente a estos casosLa violencia contra las mujeres que el Mundial no sancionó: los 11 jugadores con acusaciones graves – El país.

En esta columna debo confesar que no soy una fanática del futbol, pero como cualquier persona disfruté, del mundial. De ese sentimiento colectivo de pertenecer y sentirse visibilizado e identificado de alguna manera, con las selecciones a las que apoyé.

Sin embargo, como mujer feminista, me mantengo informada de temas de actualidad sobre violencia de género y de las denuncias que tienen algunos personajes mediáticos, no únicamente jugadores de futbol, sino del mundo del espectáculo en general.

Teniendo en cuenta esto, el mundial me revivió un viejo sentimiento y dilema moral, que atravieso en los diferentes intereses que disfruto, y es el de: Separar la obra del artista. Y es que, con la fama y el reconocimiento, viene la exposición y más en estos tiempos del internet y las redes sociales.  La exposición es tanta que podemos saber las inclinaciones políticas de quienes consumimos su arte o admiramos su carrera, que pasa en sus vínculos y como los vive, e inevitablemente si enfrenta alguna denuncia o proceso judicial.

Digo que revivió ese debate interno, por ejemplo, cuando uno de los preseleccionados, de nuestra selección Colombia fue el jugador Sebastián Villa, quien primeramente fue condenado por violencia de género y luego fue denunciado por abuso sexual y por acuerdos le retiraron la denuncia.

Finalmente, Villa no fue convocado, y aquí es importante resaltar que se admitió, que la presión social por las denuncias que enfrentó Villa, fueron determinantes para tomar esta decisión. ¿Pero, si no hubiese sido así y finalmente el hubiese representado a Colombia en el mundial? No tengo duda de que la selección Colombia,hubiese sido vista y apoyada de la misma forma en que lo fue.

Aquí es donde todo se pone incomodo y difícil para mí. No me parece justo que las víctimas de este tipo de delitos, tenga que ver a estos personajes representando un País, ver sus caras en pantallas gigantes, en publicidades y ver básicamente como su vida es super exitosa y nadie lo cuestiona solo porque es famoso, tienen una fanaticada o intereses económicos que lo respalden.

Y es una realidad. Una realidad que se vivió con figuras del mundo del futbol y espectáculo en este mundial. Las multitudes celebraron sus goles y apariciones, lloraron y celebraron con ellos.

Toda este dilema moral y ético se intensifico para mí cuando en épocas de la final y previa a ella, se desato un odio masivo hacia la nacionalidad argentina y se viralizaron malos comportamientos de su hinchada y futbolistas argentinos durante el mundial o declaraciones polémicas de algunos argentinos en redes sociales, sobre su origen, raza e identidad.

¿Por qué relaciono esto con las denuncias de violencia de género en el contexto del mundial?

Yo apoyé a Argentina en la final. Durante todo el mundial, no fue de mis selecciones favoritas, porque conozco que varios de sus jugadores, enfrentan o enfrentaron acusaciones muy graves en violencia de género: Desde violencia intrafamiliar, violencia sexual con uso de sustancias para dejar en estado de indefensión a la víctima, hasta demandas por alimentos.

Pero al mismo tiempo le tengo un cariño enorme a Argentina, a su gente, y se lo que el futbol representa para ellos y más en estos momentos de crisis y problemáticas que enfrentan. El futbol representa alegrías en momentos difíciles y pone en el mapa a un país de formas que muchas veces no alcanzamos a dimensionar. Ejemplo: Cabo Verde que aumento su turismo y el interés hacia su país con su aparición en el mundial.

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Aquí es donde se pone interesante para mí: Y es que yo percibo estos tiempos, como los tiempos donde cualquiera es policía de la moral. La ola masiva de odio hacia a Argentina, hacia su gente, no nació por el rechazo hacia los delitos que cometieron algunos de los jugadores de su selección. Sino porque la gente considero que podía meter en una misma bolsa a todo un país, por los actos o apariciones de algunos de ellos. Algo que no solo es profundamente injusto, sino profundamente hipócrita. En un país como el nuestro, Colombia. Que es supremamente clasista, racista, machista y la lista puede continuar, donde muchos de nuestros compatriotas también hacen apariciones lamentables y cuestionables a nivel global y en el internet.

A mí, no me gustaría que nos metan en la misma bolsa por estos personajes cuestionables o por nuestra cultura que tiene defectos como cualquier otra.

Y no estoy diciendo que este bien, que esto pase y que sigamos reproduciendo estos dañinos ismos, pero si me parece que aprovechemos la oportunidad, para observarnos a nosotros mismo y nos eduquemos, nos eduquemos para ser más tolerantes, más empáticos y comprendamos mejor el mundo y la gente con la que lo habitamos. Y que con esa misma ferocidad con la que criticamos y señalamos al otro, nos auto evaluemos y veamos que vale la pena genuinamente rechazar masivamente.

Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.