sábado, 18 de julio de 2026 12:16

Connect with us

Opinión

El feminicidio en Colombia: La crónica de una muerte anunciada

Published

on

Por: Melissa Barreto

Óscar Giovanny Marulanda mató a Rosa Mayerly Olaya porque ella lo rechazó. Marulanda la persiguió durante más de cinco meses e insistió en que aceptara tener una relación con él. Iba hasta su casa, a su empleo y a la casa de su expareja. Ella no solo se negó, sino que, ante el nivel de acoso, en dos ocasiones solicitó acompañamiento policial.” El acoso que acabó en feminicidio: los antecedentes del crimen de Rosa Mayerly Olaya – El país.

La noticia de feminicidio de Rosa Mayerly Olaya, ha conmocionado en los últimos días y no solo por la sevicia del crimen, sino por los antecedentes del mismo.

Rosa Mayerly como muchas mujeres, ya había puesto al tanto de la situación, sobre el acoso que vivía a las autoridades, tanto así, que en un par de ocasiones tuvieron que escoltarla a su casa.

Este feminicidio cometido a la luz pública no es un hecho aislado, es uno de tantos más donde el feminicida, atenta contra su víctima en espacios públicos y en la mayoría de ellos luego atenta contra su propia vida.

¿Por qué pasa esto?  Desde la criminología y otras ciencias forenses ya se ha advertido que estas conductas desde la mente de quién las comete son un “castigo” hacía la víctima, una “humillación”, ya que este busca que ella se sienta culpable por dejarlo, o rechazarlo. Bajo la misma lógica opera el abusador sexual.

Cualquiera pensara que esto es cosa de locos, de enfermos mentales, pero es ahí donde la conversación se vuelve compleja. No necesariamente, la mayoría de los feminicidas y abusadores sexuales son conscientes de sus acciones, tienen la percepción del bien y del mal tan clara como la mayoría de nosotros.

Entonces, ¿si esto no se trata de problemas psiquiátricos, de que se trata?

Desde la sociología, psicología y demás ciencias que estudian la conducta del ser humano como ser social. Se ha dicho en varias ocasiones que la violencia de género podría tener una relación con la cultura y que es la cultura la que alimenta estos discursos y las personas los replican.

“Los estudios sobre la materia permiten afirmar que toda agresión perpetrada contra una mujer tiene alguna característica que permite identificarla como violencia de genero. Esto significa que está directamente vinculada a la desigual distribución del poder y a las relaciones asimétricas que se establecen entre varones y mujeres en nuestra sociedad, que perpetúan la desvalorización de lo femenino y su subordinación a lo masculino.” – Violencia de género: un problema de derechos humanos -María Nieves Rico.

le puede interesar: La alerta que puede salvar a cientos de niños

Como lo hemos expresado en anteriores columnas, la violencia de género es algo que se construye, desde la misoginia que se normaliza en la sociedad. Los chistes o frases machistas que se repiten, los juicios sobre lo que debería o no ser una mujer, las modas y tendencias extremistas, que se venden como feminidad y como consecuencia terminan alimentando violencias de género y reforzando estereotipos.

Siempre se ha hablado de que todo esto es inofensivo y que las mujeres somos exageradas, pero se ha demostrado que si tiene un impacto en la sociedad y no uno positivo.

Yo entiendo que sea más sencillo creer, que todos estos comportamientos, tengan una valoración exagerada, y nace desde el lugar común de percibir los peligros como algo lejano.

A ninguna mujer le gusta percibirse así misma como una posible víctima de feminicidio, ni a nuestras hijas, hermanas, amigas, o madres.

El problema es que el hostigamiento si es algo serio y muchas veces se evalúa como: “Gestos románticos” pero no lo es, y sus consecuencias acaban con la vida de mujeres y dejan a hijos sin madre, a padres y madres sin hijas, a hermanas y hermanos sin hermanas.

Rosa Mayerly, buscó ayuda y no encontró la ayuda que ella necesitaba, una adaptada a su nivel de riesgo.

El ministerio de justicia tiene una guía para evaluar el riesgo de ser víctima de feminicidio, pero las autoridades no tienen protocolos claros y se ven limitadas a las secretarias de la mujer en los territorios, cuando las hay.

Las secretarias de las mujeres no están capacitadas para atender y orientar a las víctimas de violencia de género y parecen no tener prioridades claras en sus mesas de trabajo.

El problema es que mientras las necesidades de las mujeres son cada más desplazadas y obviadas. La violencia de genero sigue creciendo en el país y su expresión más grave de ella se sigue diversificando.

Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.