jueves, 24 de septiembre de 2026 11:06

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Opinión

¿Reforma curricular en el Tolima? Entre el afán de PISA y la realidad de nuestras aulas

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Por: Camilo Padilla

Los más recientes resultados de las pruebas PISA volvieron a encender las alarmas sobre la calidad educativa en el país, y el departamento del Tolima no es la excepción. Ante este panorama, la propuesta del Secretario de Educación Departamental de aumentar la intensidad horaria en áreas fundamentales como matemáticas, lectura crítica y ciencias resulta, en principio, bienintencionada. Nadie se opondría a reforzar el pensamiento lógico, la comprensión lectora y el espíritu científico de nuestros estudiantes. Sin embargo, un cambio de esta magnitud no se resuelve simplemente moviendo fichas en el horario escolar o por un decreto firmado desde un escritorio.

El primer gran cuestionamiento que debe hacérsele a la propuesta no es sobre su fondo, sino sobre su forma: ¿con quién se está construyendo este modelo? Una reestructuración del currículo educativo departamental requiere de una concertación amplia. No puede ser una imposición orientada por el afán de subir puntos en un indicador internacional. Es indispensable abrir mesas de trabajo con los actores de la educación: docentes, directivos docentes, académicos y las organizaciones sindicales. Ignorar la voz de quienes sostienen el sistema en la cotidianeidad del aula es condenar cualquier reforma al fracaso operativo.

En segundo lugar, la propuesta parece pasar por alto la diversidad de modelos pedagógicos que conviven en nuestro departamento. Pensemos, por ejemplo, en las Instituciones Educativas Técnicas, especialmente en su articulación con entidades como el SENA. En los grados décimo y once, la carga horaria de estos jóvenes ya se encuentra al límite. Entre la formación técnica, las prácticas empresariales y el servicio social obligatorio, ¿de dónde saldrán las horas adicionales para matemáticas y lenguaje? Reducir el tiempo de la formación técnica desdibujaría el perfil con el que estos jóvenes se gradúan, mientras que recargarlos de horas comprometería su desempeño general. Antes de decretar aumentos de tiempo, la Secretaría debe responder qué va a pasar con el modelo técnico en el departamento.

Por otro lado, la idea planteada por la Secretaría de transversalizar las cátedras que de manera fragmentada e improvisada se han venido sumando al currículo en los últimos años —cátedra de la paz, emprendimiento, educación emocional, entre otras— es un acierto conceptual. El currículo no puede seguir siendo un listado interminable de parches normativos. Sin embargo, transversalizar no significa «desaparecer» o diluir contenidos en el papel; implica un rediseño estructural de los planes de área, una profunda reingeniería pedagógica y, sobre todo, formación y tiempo remunerado para que las instituciones puedan ajustar sus PEI (Proyectos Educativos Institucionales). Sin acompañamiento técnico ni recursos, la transversalidad se queda en demagogia institucional.

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Esto nos lleva a la pregunta de fondo que el departamento debe formularse: ¿cuál es el modelo educativo que queremos construir en el Tolima? ¿Queremos una educación diseñado para responder al rasero de las pruebas PISA? ¿Un modelo ajustado a las métricas del Icfes y las Pruebas Saber? ¿O una propuesta educativa integral, pensada desde y para el territorio, que vincule la técnica, las ciencias humanas y el desarrollo local?

Aumentar horas en matemáticas y lectura es un paso valioso, pero aislado no garantiza nada si no se discuten las condiciones estructurales de las escuelas, la planta docente y la pertinencia territorial. La invitación al Secretario de Educación Departamental es a no precipitarse. Abramos el debate, escuchemos a los gremios y concertemos un modelo pedagógico propio, riguroso y viable para el Tolima.

Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.