sábado, 13 de junio de 2026 12:42

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Opinión

La ilusión de hacer todo a la vez

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Por: José Julián Ñáñez Rodríguez – director del Doctorado en Ciencias de la Educación de la UT y Alejandra Barrios Rivera – magíster en Educación.

Hay escenas que se han vuelto tan cotidianas, que es difícil reconocerlas como problemas; alguien en una reunión respondiendo correos en el celular, tomando notas en el computador y asintiendo a lo que se dice, convencido de que está aprovechando el tiempo. O un estudiante que estudia con música, el chat abierto y la televisión de fondo, seguro de que puede con todo. Este fenómeno conocido como multitasking se ha instalado no solo como habito sino como virtud que se incluye en perfiles laborales, se entrena en organizaciones y se celebra como señal de productividad y adaptabilidad.

Lo que llamamos multitasking no es procesamiento simultáneo de tareas sino alternancia rápida entre ellas, un proceso que el cerebro ejecuta pagando un costo que se acumula sin que lo percibamos. De acuerdo con Tambun et al. (2024) mostraron que la práctica sostenida del multitasking eleva la carga cognitiva, reduce la capacidad atencional y compromete la memoria de trabajo a largo plazo; el cerebro no puede procesar dos tareas complejas en paralelo y lo que produce esa ilusión de simultaneidad es precisamente el daño que genera.

Lo que agrava ese fenómeno es que el entorno digital contemporáneo no fue diseñado para contrarrestar esa tendencia sino para profundizarla. Las plataformas de contenido no compiten por el tiempo de los usuarios sino por su atención, y para ganar esa competencia han calibrado sus algoritmos para ofrecer el estímulo siguiente antes de que el anterior se haya procesado del todo. El caso más ilustrativo es TikTok, cuyo algoritmo está diseñado para capturar la atención en los primeros tres segundos; más del 70% de los usuarios decide quedarse o irse en ese margen, y más de la mitad admite saltarse videos de más de 60 segundos aunque el tema les interese genuinamente (TikTok for Business, 2025). Ese diseño entrena al cerebro a esperar estímulos inmediatos y a abandonar todo lo que no los provea en el tiempo esperado. El multitasking y la sobreestimulación digital no son fenómenos separados que coinciden; se producen mutuamente, y juntos reconfiguran la manera en que habitamos la atención.

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Cabe resaltar que la sociedad de la información produce un sujeto disperso incapaz de sostener la atención profunda que exige el pensamiento complejo (Han, 2015). Pero lo que esa dispersión erosiona no es solo la eficiencia; es algo más difícil de cuantificar. La palabra atención viene del latín attendere, que significa tender hacia, extenderse en dirección a algo o alguien; atender es, en su raíz, un gesto de salida de uno mismo, un reconocimiento de que lo que está afuera merece que uno vaya hacia ello.

Prestar atención es, en ese sentido, un acto que tiene dimensión ética además de cognitiva; y cuando esa capacidad se fragmenta sistemáticamente se pierde la capacidad de estar genuinamente en lo que se hace, de habitar una experiencia en lugar de procesarla, es justamente lo que el multitasking sacrifica sin que nadie lo declare pérdida porque la sensación de actividad permanente lo disimula.

La normalización del multitasking ha llevado a que muchos se sientan orgullosos de practicarlo; con frecuencia se escucha a personas jactarse de manejar diez cosas a la vez como señal de que son indispensables y capaces de soportar la presión que otros no pueden. Esa naturalización, sin embargo, no ocurre por casualidad ni es inocente. La revisión sistemática de Pluut et al. (2024), que analizó 123 artículos sobre multitasking en entornos laborales, confirmó que el multitasking sigue operando como práctica estándar en las organizaciones sin que se examinen adecuadamente sus consecuencias, entre ellas el agotamiento emocional y el deterioro sostenido del bienestar.

Lo que esa naturalización encubre es una lógica de reducción; una persona que gestiona simultáneamente lo que antes requerían varias hace posible que el sistema opere con menos recursos humanos sin que nadie lo nombre como lo que es. Y en paralelo, el mismo sistema que produce esa exigencia laboral también diseña ecosistemas de consumo que funcionan con la misma lógica; alguien que ve una serie en el televisor, revisa redes sociales en el celular y avanza un proyecto en el computador al mismo tiempo no está aprovechando el tiempo sino siendo aprovechado por un modelo que se beneficia de su dispersión permanente.

Quizás la pregunta más honesta que podríamos hacernos no es cómo gestionar mejor el multitasking sino si vale la pena seguir celebrándolo. Una cultura que ha convertido la dispersión en competencia y el agotamiento en mérito no está produciendo sujetos más capaces; está produciendo sujetos más ocupados, que es una cosa muy distinta. Algunas de las experiencias que más importan, una conversación que merece atención completa, un problema que necesita tiempo para resolverse, un aprendizaje que exige sostenerse en la dificultad solo ocurre cuando uno está del todo presente.

Referencias

Han, B.-C. (2015). En el enjambre. Herder.

Pluut, H., Darouei, M., & Zeijen, M. E. L. (2024). Why and when does multitasking impair flow and subjective performance? A daily diary study on the role of task appraisals and work engagement. Frontiers in Psychology, 15, 1384453. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2024.1384453

Tambun, A. R. Y., Yudoko, G., & Aldianto, L. (2024). The cognitive costs of multitasking: A critical examination of its impacts on learning, brain structure, and long-term cognitive function. The International Journal of Business & Management, 12(9). https://doi.org/10.24940/theijbm/2024/v12/i9/BM2409-012

TikTok for Business. (2025). Hook viewers in the first 3 seconds. https://www.tiktok.com/business