domingo, 19 de julio de 2026 13:07

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Opinión

Abelardo, respete los acuerdos del Parlamento

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Por: Efran Lugo

Molestos se encuentran varios congresistas y militantes del partido Centro Democrático ante la posibilidad de que no se respeten los acuerdos políticos que, desde 2016, han orientado la elección de las mesas directivas del Congreso de la República.

Tradicionalmente, durante el primer año de cada legislatura, la Presidencia del Congreso corresponde al partido de gobierno. En esta oportunidad, esa responsabilidad recaería sobre Salvación Nacional. Sin embargo, la reducida representación de esa colectividad en el Senado, con apenas cuatro curules, y la falta de consenso alrededor de sus posibles candidatos han abierto el debate sobre quién debe asumir dicha dignidad.

Enrique Gómez, quien obtuvo una importante votación en las elecciones, no despierta mayor respaldo entre la mayoría de los congresistas, en gran parte porque durante la campaña presidencial dirigió fuertes críticas contra buena parte de la clase política. A ello se suma que, por tradición y peso político, el partido de gobierno suele contar con una bancada mucho más amplia para ejercer la Presidencia del Congreso.

Es precisamente en estos escenarios donde cobran importancia los acuerdos de bancadas. Cuando el partido de gobierno no reúne las condiciones suficientes para asumir la Presidencia, la costumbre parlamentaria ha sido otorgar esa responsabilidad a la bancada mayoritaria que se haya declarado de gobierno. En este caso, esa colectividad es el Centro Democrático, cuyo candidato es el senador Honorio Henríquez.

Sin embargo, el verdadero debate surge porque el presidente electo, Abelardo de la Espriella, tendría la intención de impulsar al senador Alfredo Deluque para ocupar la Presidencia del Congreso. Deluque contaría con los siete votos de su bancada y con el respaldo del Partido Conservador, cuyos nueve senadores seguirían la orientación del presidente de esa colectividad, Efraín Cepeda.

Si finalmente Alfredo Deluque resulta elegido, muchos interpretarán esta decisión como un desplante no solo hacia el Centro Democrático, sino también hacia el expresidente Álvaro Uribe Vélez. En política todo es válido dentro de las reglas democráticas, pero la gratitud también hace parte del ejercicio político. No es un secreto que millones de electores uribistas respaldaron a Abelardo de la Espriella en la segunda vuelta presidencial, y desconocer ese apoyo desde el inicio de su mandato enviaría un mensaje de distanciamiento con quienes fueron determinantes para su triunfo.

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Paradójicamente, hoy algunos senadores del Pacto Histórico estarían dispuestos a respaldar la candidatura de Honorio Henríquez. No se trata de afinidades ideológicas ni de acuerdos programáticos; se trata, según ellos, de respetar la palabra empeñada y las reglas no escritas que durante años han permitido preservar la institucionalidad del Congreso.

Presidente Abelardo, si el próximo 20 de julio decide romper esos acuerdos, deberá asumir las consecuencias políticas de esa decisión. Gobernar exige construir mayorías, pero también respetar la confianza y los compromisos adquiridos. Desconocer las reglas del juego desde el comienzo puede afectar la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo durante todo el cuatrienio.

Al nuevo Congreso de la República le deseo éxitos y una gestión responsable en beneficio de Colombia. Sin embargo, preocupa el mensaje enviado por el presidente electo al restarle importancia al papel de los congresistas como interlocutores entre las regiones y el Gobierno Nacional. Debilitar esa función significa desconocer la esencia de la representación democrática y el vínculo que existe entre los territorios y el poder central.

La democracia no solo se fortalece ganando elecciones; también se fortalece honrando la palabra, respetando las instituciones y cumpliendo los acuerdos que garantizan la estabilidad del Parlamento.

Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.