Opinión
¿Cuándo comenzó realmente a cambiar la visión del café en el Tolima?
Por: José Baruth Tafur
Así como Jaramillo hizo cobrar las pólizas por el incumplimiento de los fallidos Juegos Nacionales, producto del hurto del Partido Liberal, también se debe ser claro: fue durante el gobierno conservador de Óscar Barreto, a partir de 2016, cuando se planteó una apuesta diferente: no solamente producir café, sino innovar, mejorar la calidad, agregar valor y posicionar los cafés especiales del Tolima.
En abril de 2016 se anunció la gestión de cerca de $10.000 millones para mejorar la productividad cafetera mediante innovación tecnológica y convertir al Tolima en referente nacional de cafés especiales. Y esa visión terminó convertida en resultados.
Se estructuró un proyecto superior a los $10.000 millones que posteriormente llegó a beneficiar a 551 caficultores, pertenecientes a 69 asociaciones de 13 municipios, con una inversión departamental de $11.800 millones para asistencia técnica, laboratorios de perfil de taza, infraestructura de secado y apropiación de tecnologías. Ahí está la diferencia.
No se trataba simplemente de sembrar más café. Se trataba de que nuestros campesinos pudieran producir mejor café y venderlo mejor.
Y esa visión tuvo continuidad con el conservador Ricardo Orozco. Posteriormente, su gobierno suscribió nuevos convenios con el gremio cafetero: $5.000 millones inicialmente, $6.000 millones posteriormente y una meta acumulada de $15.000 millones para renovación y nuevas siembras, con un primer convenio que benefició a 8.400 familias cafeteras en 38 municipios.

Por eso, cuando hoy vemos al Tolima hablando de cafés especiales, de internacionalización y de agroindustrialización, no podemos contar la historia como si hubiera comenzado ayer.
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Primero hubo producción. Después hubo visión. Luego llegaron innovación, tecnología, valor agregado y promoción.
Y esa transformación toma fuerza con el de la gobernadora conservadora Adriana Magali matiz, todos los anteriores gobiernos departamentales demostraron que el café del Tolima no es una moda política. Es el resultado de años de trabajo de nuestros campesinos y de una visión de gobierno que entendió que el grano podía ser mucho más que un producto agrícola: podía convertirse en una verdadera estrategia de desarrollo para el departamento.
Hoy algunos llegan a hablar de café, como los que tuvieron el poder nacional, los que hoy representan al Pacto Histórico y al Partido Verde, pero cuyo resultado no lo veo palpable en el pueblo, en el ciudadano.
Pero los resultados tienen memoria: menos presuntos pirómanos y más coherencia; menos ambición de dinero y más verdaderos resultados.
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