Opinión
Los estereotipos de género están matando a los hombres
Por: Melissa Barreto
<El suicidio es un hecho que afecta a una parte significativa de la población especialmente a los hombres. Este fenómeno tiene componentes culturales que están directamente relacionados con el género. A través de esta investigación se analiza la asociación existente entre los elementos constitutivos de la masculinidad y el suicidio. Existe una relación importante entre algunas causas de suicidio y el rol del varón. Algunas de estas causas son visibles, como en el caso de las adicciones, en las que el consumo de alcohol y drogas es mayor en el caso de los hombres; o en de la violencia suicida, como en el caso del suicidio terrorista o el que tiene lugar después de episodios de violencia de género. Otras causas se encuentran más escondidas como la de no poder cumplir con su función de proveedores o el sentimiento de desamparo y la depresión a las que los hombres se enfrentan con dificultad al tener más problemas para pedir ayuda o demostrar sus emociones.> El suicidio masculino: Una cuestión de género – Revista Prima social (2014).
En el primer semestre de 2025 murieron por suicidio 1.352 personas. Según el Boletín Estadístico Mensual del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, del total de muertes registrados por suicidio: 1.085 fueron hombres y 267 mujeres.
En Ibagué para el año 2025 se duplico el número con relación al año 2024 y la estadística: Se vuelve estándar. Al igual que en el resto del mundo, los suicidios son mayoritariamente llevados a cabo por hombres.
Y aunque el suicidio no es algo que deba analizarse desde una sola perspectiva. Porque sería irresponsable invisibilizar los factores de desigualdad social, o factores ligados a la salud mental: Que desde mi perspectiva es un problema de salud pública grandísimo.
En esta columna vamos a analizarlo desde el factor de estereotipos basados en género y porque son tan peligrosos, alimentarlos.
Los estereotipos basados en género se alimentan cuando decimos frases como: “Los hombres son unos princesos”, haciendo referencia a hombres que no cumplen con estos estereotipos de género. Estereotipos que nos cuentan una narrativa de como “debe” ser un hombre y como debe comportarse. Donde los hombres supuestamente deben ser proveedores, como si el resto de la humanidad adulta no fuera funcional o competente, o que si un hombre experimenta con su estilo y expresión de moda no puede nombrarse hombre, al igual que sus preferencias sexuales “son” condicionantes para su identidad de género.
Para entender los estereotipos de género debemos entender que es el género, la identidad de género no es lo mismo, que la identidad sexual. La identidad sexual habla únicamente de las preferencias sexuales del individuo. Cuando hablamos de identidad de género se habla de nuestra experiencia propia de lo que es ser hombre, mujer, ambas o ninguna. Pero aquí viene el: Pero.
También tiene una construcción cultural. En este caso, de lo que es ser hombre. Lo que nos enseñan culturalmente que es un hombre.
Desde pequeños todos escuchamos que los hombres no lloran, y aunque parece inofensivo tiene un mensaje muy profundo, que nos construye lo que debe ser un hombre, y básicamente aleja a los hombres de explorar su propio mundo emocional, y construir herramientas propias para poder contenerlo y vivirlo desde el goce, y no desde la frustración.
Porque mientras ellos más supriman esa emocionalidad, que nos hace tan humanos, más se alejan de construir vínculos genuinos. Inclusive con otros hombres. Si un hombre no puede llorar incluso con el que considera su mejor amigo, ¿Ese hombre es realmente su mejor amigo?, los vínculos sin vulnerabilidad, son superficiales y aunque no está mal.
No tener al menos un solo vinculo profundo, es contradictorio a la naturaleza propia del ser humano. No olvidemos al construir nuestras narrativas de género, que los hombres, al igual que el resto de la humanidad son seres emocionales y sociales. Tenemos que empezar a ver a las personas en toda su complejidad. Que un hombre sea emocional, no quiere decir que no sea racional, o espiritual. Se pueden tener habilidades blandas y duras al mismo tiempo, esa es una de las tantas maravillas de la especie humana, poder ser tan plurales y complejos.
Otro punto que me hace mucha bulla, de basar el valor de un hombre sobre su poder adquisitivo. Es: Que, desde mi punto de vista, no solo es sexista, sino también clasista.
Estamos en un territorio donde la mayoría de nosotros atravesamos la problemática del desempleo y la falta de oportunidades económicas, y pretender que cuando un hombre te invita a salir debe gastarse toda su quincena en la salida, es des aterrizado y egoísta, y los gastos en una relación o salida deben ser dialogados con mutuo acuerdo y contextualizados a las responsabilidades de cada adulto parte de esa relación.
Volvamos a los datos: Según un estudio presentado por el Servicio en Psiquiatría. Complejo Hospitalario de Navarra – Pamplona. “Confirma que el suicidio aumenta con la edad y los hombres representan el 75% de los casos de la población navarra, dando lugar a un perfil de un varón, soltero, que vive solo en un entorno urbano, tiene bajo nivel educativo y utiliza un método violento para consumar el suicidio”.
Yo no sé ustedes, si ¿han escuchado hablar de la machosfera? Por ende, les voy a dar un contexto rápido: La machosfera consiste de un grupo, que se forma en espacios digítales, especialmente redes sociales y comparten una narrativa de lo que es la masculinidad y como esta debe vivirse y básicamente esta narrativa lleva al extremo ideas sexistas y de notable resentimiento hacia lo femenino y todo lo que este relacionado a ello. Los hombres o niños, mayoritariamente los seguidores de estos influencers son menores de edad. Muchos de estos usuarios de la machosfera, se sienten rechazados por las mujeres y buscan “consejos” para “conquistar” mujeres desde ideas desproporcionadas de poder, humillación femenina o manipulación.
Ya que les di este contexto, no se si se lo imaginaron, pero estos hombres evidentemente no construyen relaciones sanas desde la vulnerabilidad. Y se llenan de frustración y vacíos emocionales, gracias a seguir estas narrativas insanas, que perpetúan estereotipos de género. Porque, aunque ellos se proclamen como una comunidad, están lejos de serlo, ya que evidentemente no forman redes de apoyo sanas, sino una ideología sexista y extremista.
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Y aquí viene otro punto importante de como se nos enseña a construir relaciones sexo-afectivas desde que somos infantes. “Enseñan” a los niños a conquistar niñas y a las niñas a ser “conquistadas” Y como lo denota la palabra conquista, viene de un desequilibrio de poder. Y las relaciones sanas no se construyen desde el desequilibrio del poder.

Las relaciones sanas se construyen desde la igualdad, el respeto mutuo, la corresponsabilidad y la autonomía individual.
Las mujeres no somos un premio y los hombres no son una estrategia. Somos todos seres humanos; con virtudes y defectos, sistemas de valores, creencias espirituales o la ausencia de ellas. Por ende, no existen los: “Hombres de alto valor” o las “mujeres de alto valor”. Existen personas con sistemas de valores afines a los nuestros, al igual que creencias. Y solo podemos descubrirlo interactuando, desde la ausencia de desequilibrios de poder, para posteriormente decidir, si es sostenible una relación a largo plazo con esa persona, y si esta es de: Crecimiento mutuo, complicidad, vulnerabilidad, apoyo mutuo y lealtad.
Por eso es importante construir una nueva narrativa de género, libre de estereotipos y empezar a ver la humanidad con la complejidad que nos caracteriza. Los prejuicios y estereotipos; solo dividen y generan violencia, para nada más han “servido” estas narrativas.
