Opinión
Carrotanques vacíos, corazones sedientos: La realidad en la Guajira

Por: Jonathan Ortiz
La corrupción no es solo un término abstracto en Colombia; es una herida abierta que sangra en nuestras instituciones, comunidades y corazones.
La Guajira, una región marcada por la aridez y la desesperación, enfrenta una crisis que va más allá de la sequía: la corrupción. Los 40 carrotanques que deberían haber llevado alivio a las comunidades sedientas se han convertido en un símbolo de traición y abandono. ¿Cómo es posible que, en medio de tanta necesidad, la sed persista debido a la codicia y la falta de integridad?
Los datos son contundentes: el Gobierno pagó $46.800 millones por un contrato que prometía abastecer de agua a La Guajira. Sin embargo, estos vehículos permanecen inmóviles, como testigos mudos de la negligencia y la corrupción. Mientras tanto, los habitantes de La Guajira luchan por sobrevivir, viendo cómo sus esperanzas se evaporan junto con la escasez.
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¿Cómo podemos aceptar que los más vulnerables paguen el precio de la codicia y la falta de integridad?
En La Guajira, la falta de agua no es solo una estadística. Son niños que mueren de sed, madres que lloran en la oscuridad y ancianos que luchan por sobrevivir. La corrupción no solo roba dinero; roba vidas y esperanzas.
Los niños de La Guajira merecen más que promesas incumplidas y carrotanques vacíos. Es hora de que la sed sea saciada, no solo con agua, sino con integridad y responsabilidad.
Los funcionarios públicos no son meros empleados; son guardianes de la esperanza. Su deber es servir a la comunidad, no llenar sus bolsillos.
Cuando los recursos destinados a aliviar la sed se desvían, cuando los carrotanques se convierten en símbolos vacíos, la confianza se quiebra.
Esta columna no es solo un lamento; es un llamado a la solidaridad. Que nuestras palabras se conviertan en acciones concretas. Que la corrupción no encuentre refugio en nuestra tierra. Que La Guajira, con su sed y su lucha, nos inspire a construir un país donde lo público sea verdaderamente loable.
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