Opinión
Reto a Iván Cepeda a dar un discurso sin mencionar a Uribe
Por: Dahian García Covaleda
Hay una obsesión que ya no sorprende, pero sí cansa. Cada intervención, cada trino, cada micrófono abierto parece conducir al mismo destino; Álvaro Uribe.
No importa el tema ni el contexto; el libreto es predecible. Por eso el reto no es retórico, es casi experimental ¿puede Iván Cepeda construir un discurso completo sin recurrir a su antagonista favorito?
Se ha vuelto lugar común afirmar que el proyecto político de Paloma Valencia depende de Uribe. Pero esa crítica, repetida sin matices, ignora una trayectoria propia en el Congreso, con agenda, debates y posicionamientos que van más allá de una sola figura. En contraste, la carrera política de Cepeda parece girar, una y otra vez, alrededor del mismo eje, su condición de víctima del conflicto y su cruzada judicial contra el expresidente.
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Ambas dimensiones son legítimas, pero insuficientes como proyecto de país.
El problema no es que mencione a Uribe. El problema es que, al hacerlo de forma sistemática, reduce su discurso a una sola conversación, como si Colombia no tuviera otros desafíos urgentes.

Mientras tanto, incluso dentro de la izquierda, ha habido intentos (fallidos o no) de plantear horizontes distintos: infraestructura, educación, reformas estructurales. Propuestas que, al menos, aspiran a algo más que la denuncia permanente.
En marzo de 2026, la pregunta es inevitable, ¿cuál es la propuesta de país de Iván Cepeda? ¿Dónde están sus ideas más allá del antagonismo?
Resulta paradójico que una figura con visibilidad nacional no logre posicionar un debate propio que no dependa de su principal contradicción política. Dejarlo hablar no debería ser una debilidad de nadie. Al contrario, debería ser una oportunidad para que, por fin, diga algo distinto.