Opinión
Ataco: el grito que no están escuchando
Por: Efran Lugo
Un municipio que fue símbolo de resistencia hoy enfrenta el avance de la ilegalidad, el miedo y el abandono institucional.
Ataco, en el sur del Tolima, no es solo un municipio: es un símbolo de resistencia. Durante décadas fue un territorio de paz, un terruño donde la tranquilidad prevalecía a pesar de haber enfrentado tomas guerrilleras, la zozobra de los grupos armados, la minería ilegal y administraciones locales incapaces de responder a los desafíos de su gente. Aun así, Ataco resistió. Su población fue resiliente. Se podía vivir, trabajar y recorrer sus más de 110 veredas sin miedo.
Hoy, esa realidad se ha desmoronado.
En medio de un Gobierno nacional que prometió paz, protección para los más olvidados y la consolidación de Colombia como potencia de la vida, Ataco enfrenta una de sus peores crisis. Sus habitantes viven con miedo, muchos contemplan abandonar su tierra, mientras estructuras ilegales se fortalecen, imponen su ley y controlan el territorio.
La causa es evidente: el oro.
Ataco, conocida como la “ciudad dorada”, hoy corre el riesgo de convertirse en una ciudad fantasma, marcada por la violencia, la sangre y la desolación. La economía ilegal avanza más rápido que la institucionalidad. El reclutamiento de menores, incluso de manera forzada, es una realidad alarmante. La vida ha perdido valor en un territorio donde el dinero ilícito circula con facilidad, pero la seguridad y la dignidad escasean.
Los ríos Ata y Saldaña se han convertido en testigos silenciosos de esta tragedia, arrastrando consigo historias de violencia que no pueden seguir siendo invisibles.

Lo más preocupante es la desconexión institucional. Desde centros de poder como Ibagué y Bogotá, pareciera no dimensionarse la magnitud del problema. Las acciones del Estado, aunque necesarias, han sido insuficientes y desarticuladas. Operativos que movilizan cientos de hombres y recursos aéreos logran intervenciones puntuales, pero no resuelven una problemática estructural que sigue expandiéndose en múltiples frentes.
Le puede interesar: Los estereotipos de género están matando a los hombres
Ataco no necesita respuestas aisladas. Necesita una intervención integral, sostenida y coordinada.
Se requiere presencia real del Estado: seguridad efectiva, inteligencia estratégica, judicialización contundente, inversión social y oportunidades para los jóvenes que hoy están en riesgo de caer en las redes de la ilegalidad. También se necesita liderazgo local con sentido de pertenencia, capaz de defender el territorio y a su gente.
No podemos normalizar el miedo ni aceptar que un municipio entero quede en manos de economías ilegales.
Ataco no puede ser otro territorio perdido.
Hoy levanto la voz, no solo como ciudadano, sino como alguien que conoce y ama esta tierra. Lo hago por sus familias, por sus jóvenes y por su futuro.
