sábado, 30 de agosto de 2025 17:46

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Opinión

La Imagen Silenciosa del Docente

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Por: José Julián Ñáñez Rodríguez – director del Doctorado en Ciencias de la Educación de la UT y Alejandra Barrios Rivera – magíster en Educación.

Cuando pensamos en la labor docente, vienen a la memoria escenas cotidianas: los profesores explicando ecuaciones en un tablero desgastado de matemáticas, la clase de educación física, los ensayos de danza, los libros recomendados, las maquetas, la canción que aprendimos en inglés e incluso los llamados de atención por la indisciplina. Lo que casi nunca imaginamos es a esos mismos docentes pasando horas frente a un escritorio, dedicados a llenar formatos, reportes y tareas administrativas.

Esta imagen invisible del docente como —agente de control administrativo— está desplazando lo esencial: el encuentro pedagógico entre maestros y estudiantes. Pues, un docente que pasa la noche elaborando matrices interminables difícilmente tendrá energía para dialogar con sus estudiantes a la mañana siguiente.

El problema es estructural: se confunde control con calidad, cantidad con profundidad. Se instala la idea de que un número en un informe representa mejor la realidad que una conversación genuina con un estudiante. Apple (2013) señala que estas lógicas responden a un «gerencialismo educativo» que convierte las escuelas en organizaciones productivas, desplazando la dimensión humana de la enseñanza y concibiendo la educación como proceso industrial donde estudiantes son insumos, docentes operarios, y aprendizajes productos estandarizables.

Las consecuencias trascienden lo laboral. Herrán y Rodas (2019) describen el síndrome de burnout como efectos negativos persistentes sobre la personalidad docente, derivados de condiciones adversas que revelan una fuerte relación entre exigencias burocráticas, agotamiento emocional y despersonalización; lo que genera trastornos de ansiedad, fatiga crónica y agotamiento profesional (Navarro, 2024). La ironía es cruel: mientras diseñamos programas para cuidar la salud mental estudiantil, enfermamos a quienes forman a las nuevas generaciones.

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Paulo Freire (1970) denunciaba cómo los sistemas educativos se convierten en instrumentos de domesticación. Hoy, la sobrecarga administrativa representa una nueva opresión: la domesticación del educador. Esta se disfraza de «mejora continua» y «transparencia», forzando a los docentes a documentar obsesivamente cada aspecto de su práctica. Las escuelas deberían fomentar la curiosidad y el deseo de aprender. Sin embargo, con frecuencia corren el riesgo de convertirse en fábricas, donde los educadores se ven obligados a preocuparse más por los trámites que por los estudiantes.

Lo anterior resulta contradictorio, la filosofía educativa enseña que el acto pedagógico es un encuentro profundamente humano donde maestros, estudiantes y comunidad se transforman mutuamente. Este encuentro requiere presencia y disponibilidad emocional que la sobrecarga administrativa fragmenta, dividiendo al docente entre responsabilidades burocráticas y compromisos pedagógicos.

Al respecto, Nussbaum (2010) sostiene que la educación debe cultivar la humanidad, desarrollar la capacidad crítica y nutrir la imaginación moral; necesitamos sistemas que apoyen decisiones educativas reales, no una maquinaria autorreferencial. De aquí nace el interrogante que nos interpela: ¿cómo puede florecer la educación humanística cuando las raíces del aprendizaje se ven atrapadas por el peso de la evidencia formal y no por la vitalidad de la experiencia?

Referencias

  • Apple, M. W. (2013). Can education change society?
  • Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.
  • Herrán Rangel, D. M., & Rodas Reyes, F. J. (2019). Clima escolar y síndrome de burnout en los docentes de la Institución Educativa Técnica Empresarial Antonio Reyes Umaña (Trabajo de grado de maestría). Universidad del Tolima. http://repository.ut.edu.co/handle/001/2901
  • Nussbaum, M. (2010). Not for profit: Why democracy needs the humanities. Princeton University Press.