domingo, 4 de octubre de 2026 09:57

Connect with us

Opinión

El precio del camaleón: La fractura ética de Jaime Eduardo Reyes y el reciclaje de un fracaso

Published

on

Por: Camilo Padilla

Hay decisiones profesionales que no son meros cambios de contrato; son declaraciones definitivas de principios.

La reciente incorporación del señor Jaime Eduardo Reyes como director del rebautizado “Proyecto Tolima” —misma perra con distinta guasca para lo que la dignidad tolimense siempre conoció como La Colosa— es la radiografía perfecta del descaro y la amnesia ética que tanto ha descompuesto a nuestra clase dirigente.

¿Dónde quedó la coherencia del académico? ¿Qué fue del discurso del político que pretendió gobernar a este departamento y orientar a sus juventudes desde las aulas universitarias? Reyes ha paseado su figura por el Concejo, la Asamblea, la Universidad de Ibagué y diversas candidaturas de elección popular. Se presentó ante el Tolima como un líder visionario, centrado en el desarrollo sostenible y la gobernanza. Hoy, sin el menor pudor, firma la nómina de una corporación extractivista para apagar los incendios reputacionales de una mina que el pueblo, soberana y democráticamente, ya echó del territorio.

Cabe preguntarle directamente al señor Jaime Eduardo Reyes: ¿En cuánto tasó su ética? ¿Cuál es el precio de la memoria de la tierra que pretendió dirigir?

Entrar a encabezar las pretensiones mineras en Cajamarca no es un reto corporativo; es una afrenta directa a la voluntad popular. En marzo de 2017, el pueblo cajamarcuno habló con contundencia en las urnas a través de una consulta popular histórica, legal y legítima, donde un aplastante 97.9% le dijo NO a la minería de oro en su territorio. Al asumir la dirección de este proyecto, Reyes le da la espalda al agua, a las cuencas hídricas que abastecen a la región, a la soberanía alimentaria de la despensa agrícola de Colombia y, sobre todo, a la decisión democrática de miles de ciudadanos. Pretender dinamitar o esquivar por la vía legal el mandato popular e ignorar el acuerdo del Concejo Municipal sobre las áreas de conservación no es astucia gerencial: es un acto de desprecio institucional y moral contra el Tolima.

Pero el extravío ético de Reyes solo se equipara con la torpeza estratégica de sus nuevos patrones. Mineros S.A. comete el gravísimo error de repetir punto por punto el libreto que llevó al fracaso a AngloGold Ashanti.

¿Es que no aprendieron nada del pasado? AngloGold creyó que para doblegar la resistencia de la cordillera bastaba con contratar “políticos profesionales” para vestir de civilidad lo indigerible. Aquella estrategia convirtió la gestión social en una vulgar red clientelar y burocrática. Los millones destinados al supuesto “desarrollo comunitario” y la cooptación de líderes terminaron engullidos por proyectos productivos fallidos, desviación de fondos e intermediarios codiciosos que usaron la mal llamada inversión social como caja menor. El resultado fue la indignación colectiva y la derrota social del gigante minero.

Hoy, Mineros S.A. tropieza exactamente con la misma piedra. Creen que cambiando el nombre de La Colosa a “Proyecto Tolima” y poniendo al frente a un político con libreta de contactos regional van a lavar el estigma de la megaminería en la despensa agrícola. No entienden que el rechazo a la megaminería en el Tolima no era un problema de relaciones públicas ni de falta de «articulación política»: era, y sigue siendo, una convicción vital sobre la protección del agua y la vida.

Jaime Eduardo Reyes ha decidido alquilar su capital político y académico para oxigenar un cadáver corporativo. La historia del Tolima no recordará sus discursos universitarios ni sus debates en la duma; recordará que, cuando tuvo que elegir entre el agua de su gente o el cheque extractivo, prefirió ser el rostro de la traición a la voluntad de un pueblo.

Periodista del ámbito político administrativo y regional, con experiencia en diferentes medios de comunicación, director de Enfoque TeVe.