sábado, 30 de mayo de 2026 11:10

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Opinión

“Cuando lo estaba haciendo no se quejaba así, ¿cierto?”

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Por: Melissa Barreto

Tratos deshumanizantes, decisiones tomadas sin información suficiente, y negación de la autonomía de las mujeres durante el embarazo, el parto y el posparto configuran un problema de salud pública que permanece invisibilizado en el país. Aunque desde 2018 está tipificada como delito en el Código Penal, la violencia obstétrica sigue siendo una práctica frecuente y muchas veces normalizada en el territorio colombiano. Febrero 2026 – periódico unal. «En Colombia la violencia obstétrica está tipificada como delito, y aun así persiste».

En el ejercicio de mis labores como investigadora, una de las situaciones que más disfruto por lo jocoso que puede llegar a ser, también es de las cosas que más me incomodan del ejercicio mismo de la labor: Como se comporta la gente cuando se siente segura de no estar siendo vigilada u observada. Es la muestra más autentica de un ser humano, desde sacarse los mocos y comérselos (siendo personas adultas), hasta humillar, maltratar o dañar.

¿Por qué?, Porque en la intimidad no suelen haber consecuencias. Esta es la misma relación que encuentro en la violencia que se ejerce en la medicina obstetricia y ginecología.

Ya lo había dicho Foucault, «la vigilancia es el mecanismo central de dominación de la sociedad moderna».

Un consultorio médico es muy íntimo. Más cuando la situación amerita que un profesional médico este entre tus piernas.

Personalmente nunca he tenido un embarazo y por ende mucho menos me he enfrentado a un parto. Sin embargo, como cualquier mujer, he asistido a citas y procedimientos de ginecología y es interesante dividir esas citas por momentos, algo así como cuadros cinematográficos.

En el primer cuadro existe la sospecha de un embarazo, el ambiente se torna moralista y sin la certeza de un embarazo, el trato del médico hacia mi persona: Es condescendiente y de superioridad moral. En el segundo cuadro, el ambiente se vuelve incomodo y de incertidumbre, más bien de decepción porque su prejuicio no pudo ser respaldado. Como último y tercer cuadro el médico toma una actitud humilde y la hostilidad con la que me trato por su posible diagnostico inicial. En el que mi síndrome de ovario poliquístico, actualmente síndrome ovárico metabólico poli-endócrino, evidentemente no es un embarazo.

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«La violencia obstétrica es cualquier acción, omisión o trato deshumanizado ejercido por el personal de salud durante el embarazo, parto o posparto. Las mujeres jóvenes y adolescentes son particularmente vulnerables, enfrentando mayores tasas de maltrato físico, abuso verbal, estigmatización y procedimientos médicos no consentidos debido a prejuicios paternalistas» – GOV MX.

Si bien México, no es Colombia, en materia de violencia de género, comparte grandes similitudes. Por ejemplo: En mi vida como mujer y en mi ejercicio del feminismo, he escuchado anécdotas de mujeres jóvenes que se realizaron procedimientos de interrupción para el embarazo y por complicaciones, asistieron a centros de salud: Cuyo médicos y personal de la salud que las atendieron, las trataron como si su vida valiera menos, como si su bienestar no fuera importante, como si no fueran seres humanos.

Y sin ofender, yo me pregunto en una carrera tan filántropa como lo es la medicina y demás áreas de la salud, ¿En que semestre les enseñan a ser jueces de la moral?

¡No se supone! que tienen un deber y compromiso con el paciente de: ¿Velar por su bienestar?

“La violencia simbólica es el resultado de la interiorización y la naturalización de la relación de subordinación y dependencia de las mujeres dentro del sistema de atención en salud.” «Es rico hacerlos, pero no tenerlos»: análisis de la violencia obstétrica durante la atención del parto en Colombia – Revista ciencias de la salud.

Volvemos a la cuna de la violencia de género en su máxima expresión. ¿Por qué ese desprecio por las mujeres, en el acto simbólico de dar vida?

El parto es la acción de ver por primera vez a un ser vivo, una acción de sentencia sobre las mujeres. Sobre nuestro valor.

A lo largo de este mes abordamos en tres columnas distintas, incluyendo está: La maternidad y la mujer. Quise cerrar el mes con esta columna en particular, para que pueda relacionar. Cómo la maternidad atraviesa el valor de las mujeres a lo largo de su vida. Sin, ni siquiera participar en ella.

El cómo: Actualmente, aunque no sea tan visible o fácil de identificar. El valor de las mujeres radica en torno a la maternidad y como nuestra relación y decisión entorno a ella, nos deshumaniza socialmente. De ahí parte la misoginia. De la deshumanización de nosotras las mujeres.