jueves, 16 de abril de 2026 12:24

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Tolima enfrenta una creciente concentración de extorsión en sus zonas cafeteras y corredores rurales

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La presencia histórica de actores armados, economías ilícitas en municipios cercanos y corredores estratégicos del suroccidente aumentan el riesgo. Aunque esta región tiene mejor institucionalidad que otros territorios, necesita acciones urgentes para evitar que la extorsión se consolide.

El departamento del Tolima, reconocido como uno de los pilares históricos de la caficultura colombiana, enfrenta hoy una presión creciente por parte de grupos armados que han encontrado en la extorsión una fuente estable de financiamiento. Aunque no encabeza la lista nacional con cifras extremas, el departamento se ubica dentro de los territorios donde la coincidencia entre alta producción de café y aumento de la extorsión es más visible.

Los resultados hacen parte del estudio “Café, Conflicto y Extorsión: Un Análisis Cuantitativo en Municipios de Colombia”, liderado por los docentes del Politécnico Grancolombiano Jaime Wilches, Karolina Baquero y Rodrigo Atehortúa. Su análisis de 1.122 municipios muestra que Tolima es uno de los departamentos donde la extorsión coincide de forma sensible con territorios cafeteros.

¿Por qué el Tolima se ha vuelto un territorio clave para la extorsión en zonas cafeteras?

Según los mapas bivariados incluidos en el estudio, Tolima aparece junto a Antioquia, Huila, Cauca y Nariño como una de las regiones donde la superposición entre extorsión y caficultura es más clara, lo que sugiere que la rentabilidad del café sigue siendo uno de los principales incentivos para los grupos criminales que buscan imponer cobros sistemáticos sobre el ciclo productivo. Esta combinación convierte al departamento en un foco de atención prioritaria.

Aunque el Tolima no registra tasas tan elevadas como Chocó o Meta, el estudio evidencia que sus municipios cafeteros muestran un comportamiento preocupante: la extorsión se concentra en corredores rurales donde históricamente han operado diversos actores armados y donde la caficultura mantiene un flujo constante de recursos. Esto facilita la instalación de cobros extorsivos por carga, por hectárea o incluso por permitir el transporte del café hacia puntos de acopio.

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El análisis confirma que la vulnerabilidad no radica únicamente en producir café, sino en la combinación de factores estructurales que rodean al departamento: antecedentes de conflicto armado, zonas rurales con presencia histórica de actores ilegales y economías mixtas en regiones limítrofes. Aunque Tolima cuenta con mayor institucionalidad que otros territorios afectados, la investigación muestra que las dinámicas criminales han encontrado espacios para sostener esquemas de cobro extorsivo.

La investigación muestra además que la presencia de cultivos de coca en algunos municipios incrementa en 3,5 puntos la tasa de extorsión, lo que explica por qué regiones cercanas al Tolima que enfrentan este fenómeno pueden convertirse en expansores del riesgo. La cercanía con corredores de movilidad y la interacción con dinámicas criminales del suroccidente hacen del Tolima un territorio obligado dentro del análisis nacional.

¿Cómo afecta la extorsión la cadena productiva y la economía cafetera del Tolima?

En zonas cafeteras, siete de cada diez productores reciben llamadas extorsivas, aunque solo una minoría se atreve a denunciar. Este patrón, observado ampliamente en municipios rurales, también toca al Tolima: el temor a represalias y la desconfianza inhiben la denuncia y permiten que las estructuras criminales sigan operando sin interrupciones.

El estudio evidencia que, si bien homicidios y secuestros no guardan relación directa con la caficultura, la extorsión sí se consolida como el mecanismo dominante de control criminal. En Tolima esto se traduce en una presión silenciosa que desgasta los ingresos de las familias rurales, afecta a las cooperativas cafeteras y obstaculiza los esfuerzos del departamento por posicionar cafés especiales en mercados nacionales e internacionales.

La investigación recomienda fortalecer la institucionalidad rural, robustecer las rutas de denuncia, acompañar a las cooperativas y priorizar acciones en los municipios cafeteros del departamento para evitar que la extorsión se consolide como un obstáculo permanente para la economía tolimense.