sábado, 16 de mayo de 2026 12:54

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Opinión

 Los troyanos de la educación

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Por: Efran Lugo

A propósito del pasado 15 de mayo, Día del Maestro en Colombia, debemos exaltar con profundo agradecimiento el trabajo que realizan miles de hombres y mujeres para que la niñez y la juventud de nuestro país logren acceder al conocimiento, la formación y la esperanza de un futuro mejor.

La labor del docente es conocida por todos nosotros. Casi todos hemos tenido relación con la docencia, incluso sin ejercerla: hemos pasado por una escuela, por un colegio, o nuestros hijos han sido formados por un maestro. En ese sentido, el profesor es esencial para la vida de todos los hombres y mujeres, porque detrás de cada profesional, de cada líder y de cada ciudadano, siempre existió un docente que ayudó a construir ese camino.

Sin embargo, muchas veces reducimos su papel únicamente al de “quien enseña”, sin reconocer la magnitud de su trabajo y el impacto social que representa su presencia en los territorios.

Un docente va mucho más allá de impartir clases. En muchos rincones apartados de Colombia, donde aún no llega plenamente el Estado, el maestro se convierte en líder comunitario, orientador social y hasta símbolo de esperanza. Son ellos quienes, en medio de la precariedad, han llevado educación a territorios donde incluso faltan servicios básicos como la electricidad, el internet o las vías de acceso.

Según cifras del Ministerio de Educación, Colombia cuenta actualmente con más de 315.000 docentes y directivos docentes en planta permanente, además de más de 8.000 cargos temporales destinados a fortalecer estrategias educativas en distintas regiones del país. De ese total, cerca del 65 % son mujeres, muchas de ellas madres que diariamente recorren largas distancias para llegar a las aulas rurales.

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Pero además de enseñar, los docentes también han tenido que resistir la violencia. Durante décadas, cientos de maestros han sido víctimas del conflicto armado colombiano por defender la educación y permanecer en los territorios. Solo en el primer trimestre de 2025, cerca de 5.796 docentes estuvieron expuestos a dinámicas de riesgo por presencia de grupos armados ilegales en zonas escolares.

Las cifras son alarmantes: más de 1.400 sedes educativas se encuentran actualmente en riesgo por el conflicto armado y, según organizaciones humanitarias, durante el 2024 se registraron más de 240 ataques contra instituciones educativas, afectando a miles de estudiantes y maestros.

Aun así, muchos docentes continúan llegando a sus escuelas con la convicción de que educar sigue siendo una forma de transformar el país. Mientras algunos grupos violentos reclutan jóvenes para la guerra, los maestros luchan diariamente para reclutarlos para el conocimiento, la cultura y la paz.

Por eso hoy, en esta columna de opinión, quiero exaltar esa importante labor. Porque los docentes no solamente enseñan matemáticas, ciencias o lenguaje; también enseñan valores, construyen sociedad y muchas veces terminan siendo los verdaderos héroes silenciosos de Colombia.

Tal vez por eso los llamo “los troyanos de la educación”: porque, silenciosamente y sin reconocimiento suficiente, entran todos los días a librar una batalla por el futuro del país, resistiendo el abandono, la violencia y la indiferencia, pero manteniendo viva la esperanza de que una educación digna puede cambiar generaciones enteras.

Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.