sábado, 22 de agosto de 2026 11:45

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Opinión

Más que una palabra: Las niñas son sujetas de sus propias experiencias

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Por: Melissa Barreto 

“María Carolina Restrepo explicó que – cuando hablamos de niñez, hablamos de todos los niños y todas las niñas del país, con pleno reconocimiento de su dignidad, sus derechos y las garantías especiales que les otorgan la Constitución y la ley-.

En ese mismo sentido, enfatizó que la misión del ICBF es -la protección integral de la niñez, la adolescencia y las familias de Colombia, sin distinción alguna-. La nueva directora del ICBF anunció que en la institución se hablará de “niñez” y se excluirá la palabra “niña”: “Un lenguaje claro e incluyente” – El Tiempo.

Bajo este argumento, la directora del ICBF salió a justificar la directriz de eliminar la palabra “niña” de sus comunicados y documentos emitidos por la entidad. Lo que me parece más escandaloso de su argumento es, básicamente, afirmar que nombrar a las niñas pone a los niños, niñas y adolescentes en algún tipo de peligro.

Todo esto fue seguido por la censura al colectivo Resistencia Chiquita, una colectiva que nació de las niñas que buscaban sensibilizar y expresar las violencias basadas en género que experimentamos las mujeres desde antes de nuestro nacimiento. La colectiva nació en memoria de Yuliana Samboní.

El feminismo y sus luchas siempre han sido politizados, y no únicamente por ser un movimiento político en sí mismo, sino por la posición que se tome: hacer de ello todo un espectáculo político.

Yo tengo claro que la política electoral solo busca votos y que va a manosear y pisotear las luchas por el simple hecho de movilizar votos y decirle a la gente lo que quiere escuchar.

¿Pero hasta qué punto los discursos de odio son válidos para movilizar votos? Los partidos políticos asociados con la ultraderecha han promovido, a lo largo de la historia, el discurso del hogar tradicional. Y está bien, supongo; el problema surge cuando ese discurso pasa por encima de los derechos humanos. Las personas nacemos libres y tenemos derecho a construir nuestras propias ideas y defenderlas, siempre que respetemos las libertades de los demás.

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Con esto no estoy atribuyendo el feminismo a la izquierda, ni mucho menos que la colectiva Resistencia Chiquita, es parte de la izquierda. El feminismo es un movimiento que nació del cuestionamiento de los roles de género, de la instrumentalización de las mujeres para sostener a los poderosos y de las desigualdades que nos aquejan; eso no tiene partido político.

Si su discurso y su espectáculo ya funcionaron para ganar, ¿por qué siguen con el performance? ¿Qué peligro encuentra la directora del ICBF en nombrar a las niñas?

¿Será que no nombrarlas elimina las violencias para ella? ¿No nombrarlas hará que casos como los de Yuliana Samboní o Sara Sofía Galván no se repitan? Eso me parece una estrategia comparable con barrer y esconder la mugre debajo de la cama. No nombrar a las niñas y callar sus luchas. No va a acabar con las violencias basadas en género a las que se exponen. Sus inquietudes son válidas y sus experiencias propias también lo son.

A lo largo de mis columnas he dejado claras mis posturas políticas y preocupaciones. A mí realmente solo me preocupaba que ganara quien ganó, por los discursos de odio que se iban a aceptar y divulgar durante su gobierno, así como por los retrocesos en los derechos de las mujeres, las niñas, las adolescentes y la comunidad LBTIQ+. Y aunque nos llamaron exageradas: como siempre, lamentablemente el tiempo terminó dándonos la razón.

Invisibilizar a las niñas no es protegerlas: es vulnerar sus derechos.

Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.