viernes, 3 de abril de 2026 11:59

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Opinión

¿Por qué el running le habla mejor a la derecha?

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Por: Dahian García Covaleda

El running no es, en principio, un tema político. No hay partidos que lo abanderan ni programas de gobierno que lo incluyan como eje ideológico. Sin embargo, como ocurre con muchos hábitos urbanos en Colombia, basta rascar un poco para que aparezcan las conexiones con debates más amplios: seguridad, uso del espacio público, desigualdad y, sí, también cultura política.

En Ibagué (y en otras grandes ciudades) correr se ha convertido en un símbolo de cierta forma de habitar la ciudad. No es solo una práctica de bienestar. Es también una señal de confianza en el entorno, quien sale a trotar a las 5 de la mañana o a las 8 de la noche está haciendo una apuesta implícita por la seguridad. Y esa apuesta no es menor en un país donde la percepción de inseguridad sigue siendo uno de los principales problemas ciudadanos.

Ahí es donde el running empieza a cruzarse con la política. No porque correr sea de derecha o de izquierda, sino porque florece con mayor facilidad en contextos donde hay control territorial, iluminación, vigilancia y, en general, una sensación de orden. Ese énfasis en el orden (históricamente capitalizado por sectores de derecha) hace que, al menos discursivamente, el running encaje mejor con ciertas narrativas.

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Figuras públicas como Juan Daniel Oviedo ayudan a ilustrar ese punto. Su imagen conecta con valores que también están presentes en la cultura del running: constancia, medición del rendimiento, mejora continua. No es que exista una agenda política detrás de salir a correr, pero sí hay una afinidad simbólica que no pasa desapercibida.

Al mismo tiempo, correr es una forma de ocupar el espacio público. Y en Colombia, ocupar el espacio nunca es neutral. Cada persona que sale a trotar está, de alguna manera, validando que ese espacio es transitable, habitable, seguro. Es un gesto cotidiano, pero con implicaciones colectivas. En barrios donde esa ocupación no es posible, el contraste se vuelve aún más evidente.

Dicho esto, sería exagerado afirmar que el running es un acto político en sí mismo. La mayoría de quienes corren no lo hacen para enviar un mensaje ideológico. Pero también sería ingenuo ignorar que, en un país atravesado por desigualdades territoriales y debates sobre seguridad, incluso los hábitos más personales terminan insertándose en una conversación política más amplia.

El running en Colombia no define posturas, pero sí refleja tendencias. Y en ese reflejo se cuelan, casi sin querer, las prioridades, miedos y aspiraciones de una parte de la sociedad. Como muchas otras prácticas urbanas, dice menos de la ideología de quienes la ejercen y más del contexto en el que se vuelve posible.

Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVe. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.