Opinión

Salud mental: Entre estar bien y aprender a estarlo

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Por: Jessica Marcela Torres Cómbita – Psicóloga – Especialista en Gerencia del Talento Humano y Desarrollo Organizacional – Esp. En Intervención Psicosocial y Seguridad y Salud en el Trabajo

Hablamos cada vez más de salud mental, pero no siempre nos detenemos a pensar qué significa realmente cuidarla. Con frecuencia, confundimos estar bien con responder a las exigencias del ambiente: levantarnos cada día, trabajar, cumplir con nuestras responsabilidades y responder a quienes nos necesitan, aun cuando estamos cansados, saturados o atravesando situaciones que afectan nuestra manera de sentir y de vivir. Sin embargo, funcionar no es necesariamente lo mismo que estar bien. A veces reconocemos que algo nos pasa cuando el malestar se vuelve difícil de ignorar, aunque antes hayan existido señales a las que no prestamos suficiente atención.

El insomnio, la irritabilidad, el desinterés o la sensación de vivir en automático pueden ser señales de que algo merece nuestra atención. No significan necesariamente que estemos ante una crisis, pero sí pueden invitarnos a detenernos y preguntarnos cómo nos estamos sintiendo. Cuidar la salud mental también implica revisar aquello que hemos normalizado y que quizá está afectando nuestro bienestar.

Parte de la dificultad está en pensar que el cuidado depende exclusivamente de nosotros mismos, de nuestras decisiones o de nuestra capacidad para afrontar las dificultades. Sin embargo, nuestra salud mental también está relacionada con el entorno en el que vivimos, nuestras relaciones, las exigencias que enfrentamos y las oportunidades a las que tenemos acceso. No todos contamos con las mismas condiciones ni con los mismos recursos para responder a las situaciones de la vida. Reconocerlo nos permite comprender que el bienestar es una experiencia compleja y que cuidarlo requiere mirar más allá de las características individuales.

¿Y qué hacemos después de reconocerlo? En lo individual, podemos empezar por identificar nuestras necesidades, revisar cómo estamos viviendo, si las decisiones que tomamos son las acertadas, y reconocer que no tenemos que poder con todo. A veces será necesario hacer cambios; otras veces, aceptar aquello que no podemos controlar, aprender nuevas formas de afrontar las dificultades o buscar ayuda, teniendo en cuenta siempre que todo nos lleva a movilizarnos, pedir acompañamiento no nos hace menos capaces: también es una manera de responder responsablemente a lo que estamos viviendo.

En lo social, el cuidado de la salud mental también se refleja en la forma en que nos relacionamos con los demás. Escuchar sin juzgar, comprender que no todas las personas atraviesan las mismas circunstancias y evitar minimizar el malestar ajeno son formas de contribuir a entornos más saludables. Hablar de salud mental debería llevarnos no solo a reconocer su importancia, sino también a revisar cómo actuamos frente a las dificultades emocionales de quienes nos rodean.

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Quizá cambiar nuestra manera de entender la salud mental, empieza por dejar de verla como una tarea que se cumple siguiendo una serie de recomendaciones. Los hábitos saludables pueden contribuir al bienestar, pero cuidar de nosotros mismos también requiere comprender nuestras emociones, reconocer nuestros límites y entender que la salud física y la mental forman parte de una misma experiencia. No se trata de encontrar una fórmula sereta que garantice estar bien todo el tiempo, sino de aprender a reconocer lo que necesitamos y responder a ello de acuerdo con nuestras posibilidades.

Tal vez por eso el título de esta columna habla de aprender. Porque estar bien no significa tener siempre el control, evitar las dificultades o encontrar respuestas para todo. Significa también reconocer cuándo algo nos afecta, permitirnos revisar lo que estamos viviendo y comprender que, en ocasiones, necesitamos apoyo para seguir adelante. Cuidar nuestra salud mental no es un proceso que se resuelva de una vez y para siempre; es una práctica que exige atención, disposición para cambiar y, cuando sea necesario, la posibilidad de acudir a un profesional.

Quizá el verdadero cambio de perspectiva consista en dejar de preguntarnos únicamente si estamos bien y empezar a comprender qué necesitamos para estarlo.

Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.

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