Opinión
Para mis amigos de Ataco
Por: Dahian García Covaleda
Ayer vi las noticias y también sus estados de WhatsApp. Y dolió. Porque en sus voces no solo se siente la rabia y la impotencia, también el miedo de volver a vivir una historia que muchos de ustedes conocen demasiado bien.
Recuerdo las conversaciones con amigos de Ataco contando infancias rotas por la violencia, vidas obligadas a madurar demasiado rápido y familias aprendiendo a sobrevivir en medio del miedo. Por eso sé que durante años ustedes han luchado para que las nuevas generaciones no crecieran con esos mismos recuerdos.
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Y duele ver cómo la minería ilegal y la violencia amenazan con arrancarle otra vez la paz al municipio.
No están destruyendo solo montañas o ríos; están intentando destruir la tranquilidad de un pueblo que llevaba años tratando de sanar. Un pueblo que quería ser recordado por su gente, su cultura y su esperanza, no por el miedo.

Lo más triste es sentir que Ataco está retrocediendo veinte años, como si las heridas del pasado quisieran abrirse otra vez. Pero también sé algo, ustedes no son el mismo pueblo de antes. Hoy hay una generación que resiste, que trabaja por su territorio y que se niega a dejar que el miedo vuelva a definir su historia.
Ojalá Colombia entienda que salvar a Ataco no es solo frenar la minería ilegal. Es proteger la posibilidad de que sus niños crezcan sin tener que recordar algún día todo esto con dolor.