Opinión
Maestros a las calles y a la batalla cultural
Por: Camilo Padilla
El escenario político actual no admite tibiezas ni posturas contemplativas. En escasos dos meses ha quedado claro que la llegada de la ultraderecha al gobierno, encarnada en la figura de Abelardo de la Espriella, marca el inicio de una ofensiva implacable contra la educación pública, los derechos de la clase trabajadora y la organización sindical. Ante esta amenaza autoritaria, el magisterio colombiano tiene un deber impostergable, tomar la calle con la fuerza de la protesta e ir a la pelea en el aula para disputar el sentido común de nuestra sociedad.
La movilización de este 14 de octubre no es una marcha más; es un mensaje a puño cerrado para el nuevo gobierno, que debe sentir la firmeza de un gremio en pie de lucha que no va a ceder en la defensa de la educación pública como derecho fundamental, la libertad sindical y la protesta social. Fecode y la historia del movimiento pedagógico se han forjado en las calles, y cada logro conquistado se defenderá con la combatividad que exige este momento histórico.

Sin embargo, la trinchera sindical es solo la mitad de nuestra tarea. La derecha ha entendido perfectamente lo que Gramsci formuló con lucidez: la dominación política se sostiene sobre la hegemonía cultural, sobre la construcción cotidiana del sentido común a través de la cual han logrado naturalizar la desigualdad y el autoritarismo. Mientras la derecha financia y despliega su batalla cultural para instalar un sentido común reaccionario, sectores del magisterio han dudado en asumir esta disputa ideológica. Es hora de perder el miedo y entrar de lleno a esa disputa. Frente a la degradación de pretender que la juventud admire a un gobernante del discurso pendenciero y pistola al cinto, elevando la estética y la ética traqueta a la condición de modelo de vida, nuestra respuesta no puede ser la inacción y la indiferencia.
Le puede interesar: El gobierno vuelve a poner en jaque los derechos de las mujeres y diversidades de género
Esta contienda no se libra desde la consigna partidista, sino desde la acción pedagógica, el rigor académico y la formación crítica. La verdadera hegemonía cultural que debemos construir pasa por rescatar a los jóvenes de la anestesia de las redes sociales y el algoritmo, llevándolos a la lectura profunda, al debate riguroso y al cuestionamiento de la realidad. La trinchera pedagógica que opone el magisterio a la barbarie es la defensa de un proyecto de país cimentado en la democracia real, la paz con justicia social, la soberanía, la dignidad humana y una ética ambiental que ponga la vida, el agua y los territorios por encima del saqueo extractivista.
El gobierno ha elegido el terreno de la confrontación ideológica y la coerción. El magisterio responderá. Nos verán en las calles haciendo valer el poder de la movilización y nos verán en las aulas combatiendo la ignorancia, formando inteligencias libres, críticas e inquebrantables frente a la retórica del garrote. La calle se toma y el aula se defiende: la batalla cultural ha comenzado.
Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.
