Opinión
La impunidad y su mensaje social
Por: Melissa Barreto.
“Desde una perspectiva psicosocial, la legitimidad tiene su anclaje en las creencias sobre el mundo […] Desde esta perspectiva, nos interesa comprender si la impunidad cuestiona el sentido de la ley y de la justicia, cuando la experiencia de las víctimas queda sometida a un contexto de reiterada impunidad político-legal, manejada por hilos invisibles para evitar o distorsionar la justicia en el enjuiciamiento de las violaciones a los derechos humanos en Guatemala. Esto significa que la negación u obstrucción de justicia impide ejercer la función social de reparación del daño, asumiendo todas las consecuencias psicológicas y políticas que esto implica en la construcción de la democracia” (Luisa Cabrera, 2001, p. 39).
La presencia de Brandon Archila durante el desfile nacional de San Pedro, realizado el pasado domingo 28 de junio, como cierre del Festival Folclórico Colombiano en Ibagué. Uno de los procesados por el feminicidio de Sharit Ciro. Que recordemos, él junto a otro joven, aceptaron cargos, y además, confesaron otros delitos. Aún así, después de que los señalados consiguieran representación legal, el juez concluyo dejarlos en libertad por vencimiento de términos.
No pienso profundizar en este caso en particular, sin embargo, es importante señalar la gravedad del mismo y las acciones que desencadenan.
Si yo fuera un hombre, con desviaciones en la conducta, tales como: Abusador serial, feminicida, o tuviese cualquier otra conducta desviada tipificadas hacía el género. Y veo a uno de los procesados más mediáticos, del último tiempo en la región del Tolima, disfrutar muy campantemente de las fiestas, él mensaje que recibiría, es: No hay consecuencias, básicamente la vida sigue con total normalidad después de cometer un acto de estos.
Pero la vida de Sharit no siguió, ni la de la gente que la amaba. A Sharit el sistema le fallo y a día de hoy la sigue revictimizando.
“La lucha contra la impunidad es un desafío persistente que afecta la credibilidad de los sistemas de justicia, especialmente en contextos donde existen altos niveles de corrupción institucional, falta de independencia judicial y acceso limitado a la justicia. Estos factores dificultan que los responsables de delitos, en especial aquellos con poder político o económico, sean investigados y sancionados.” – La Corte Penal Internacional. Desafíos, logros y perspectivas en la lucha contra la impunidad (Revista semilla científica 2025).
La justicia en especial en casos de violencia de género, se ha convertido en un quien puede pagarla, la seguridad de las mujeres depende del poder adquisitivo que tengan y de que su agresor no este apadrinado por alguna figura de poder en el que exista, un interés mayor de por medio.
En una sociedad tan violenta y desigual como la nuestra, no es sano alimentar esta idea de: “El crimen paga”, en un sistema donde el 93% de las denuncias penales no avanzan más allá de la indagación, el 53% de la población esta de acuerdo con la justicia por mano propia.
Una idea que es peligrosísima para el orden público y que va en contra vía de la justicia. Siendo un arma de doble filo para la misma población civil.

La justicia debe ser tomada en serio y debe ser un eje central en la agenda pública, es incongruente que se hable de seguridad con un sistema penal completamente fracasado, colapsado, que no tenga una base en la prevención del delito. Que no priorice este tipo de delitos y que a día de hoy no tenga unidades especializadas en violencia de género.
La situación se vuelve más grave cuando encontramos datos, tales cuales, 3 de cada 10 personas en Colombia decide tomar justicia por mano propia y NO DENUNCIAR. Es decir que la desconfianza en las instituciones es tan alta, que las personas deciden directamente no denunciar. Y se ha vuelto común que las comunidades linchen a los señalados.
Esto es peligrosísimo, recordemos el caso de la bebé que según los medios y algunas declaraciones habría sido abusada sexualmente y por esto habría fallecido en el Espinal, pero medicina legal concluyo que no hubo acceso carnal violento, ni ningún otro signo de violencia física. Antes de estas conclusiones dos hombres habrían tenido que huir porque la comunidad casi los lincha. ¿Qué habría pasado donde esto hubiese ocurrido?
Yo desde esta columna de opinión señalo que todas las víctimas merecen justicia, que nuestra sociedad se merece más. La convivencia se ve afectada por estas situaciones y no es para menos.
Las autoridades y figuras de poder, ¿Qué medidas van a tomar ante este fracaso de la justicia?, ¿Tenemos que seguir aguantándonos a los victimarios viviendo entre nosotros, esperando cual será la próxima víctima? Y por último ¿cómo tienen el descaro de hablar de seguridad, cuando no hay justicia?