Opinión

La condena social de la maternidad o la decisión de no hacerlo que cae sobre las mujeres

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Por: Melissa Barreto

La capacidad reproductiva constituye parte del proyecto vital – Planteamiento de la autonomía como valor constitutivo de la dignidad humana (Ronald Dworkin y Joel Feinberg).

Las sociedades deben distribuir cargas y beneficios de manera equitativa – Principio de Justicia (Beauchamp y Childress).

¿Qué pasa cuando el clasismo y la misoginia se disfraza de preocupación social?

Aparecen frases, como: “Los pobres no deberían tener hijos”. Y curiosamente es una frase que se dice desde la “intelectualidad”, no excluyente de todas las clases sociales. Y es que si bien las desigualdades sociales; son un problema latente y la pobreza extrema; una problemática que crece ante el abandono estatal histórico.

No la podemos reducir a la decisión de las mujeres de tener hijos, porque la reproducción, el maternar y velar por el bienestar de un hijo. No es reducible únicamente a la capacidad económica. Para dar un ejemplo rápido todos conocemos a alguien con un capital económico estable y en crecimiento, al que no le delegaríamos el cuidado y bienestar de un menor, ni siquiera por un fin de semana. Simplemente porque esta persona aparte del capital económico no cumple con aspectos fundamentales, ligados al afectivo, educativo, psicológico o social, para hacerse responsable de un menor. Y no necesariamente porque sea una mala persona, solo no es un buen cuidador.

Y la frase se pone peor, cuando se culpa a los individuos de problemas estructurales. Ósea justificar la frase de que los pobres no pueden tener hijos porque somos replicadores y multiplicadores de pobreza, solo deja en evidencia la desigualdad social en la que vivimos y se vive en nuestros territorios.

“En Colombia, una familia en situación de pobreza necesita aproximadamente 11 generaciones (alrededor de 300 a 330 años) para superar esta condición y alcanzar el ingreso promedio, según informes de la OCDE y estudios de la Universidad de Los Andes. Es una de las tasas de movilidad social más bajas del mundo, donde la pobreza se hereda”.

Y aunque mucha gente no entienda esto y replique discursos, de qué; “el pobre es pobre porque quiere”, más allá de no reconocer hechos académicos demostrados y comprobados, no entienden el principio básico de la antropología y el éxito de la sociedad humana actual.  Y es la cooperación de la crianza. Estudios presentados por las antropólogas Sarah Hrdy, Margaret Mead y el antropólogo Marshall Sahlins. En donde a través de la historia las civilizaciones que han sobrevivido y han llegado a la sociedad actual, avanzaron y se desarrollaron, gracias a que la crianza no recae únicamente sobre un individuo.

¿A que se refiere esto en la vida moderna?, sencillo que las sociedades deben organizarse y estructurarse. Bajo la premicia de la reproducción y la crianza coexistiendo al mismo tiempo con la vida laboral, o las demandas de la vida adulta. Por eso el estado debe garantizar instituciones solidas con atención a TODOS los ciudadanos y que cierren brechas de desigualdad antes que aumentarlas. Por eso existe la educación publica que debe ser de calidad, la salud publica que debería cubrir todas las áreas de la salud, como desde la salud mental, hasta la medicina tradicional, la administración de justicia sin desequilibrios de poder que garanticen el acceso a ella y demás instituciones. Haciendo que todos los individuos tengan sus necesidades básicas cubiertas y así cuando ellos lleguen a la adultez puedan elegir qué vida socioeconómica llevar, sin que esto repercuta en su bienestar o en su autonomía reproductiva.

Ahora bien, ya vimos porque esta frase es clasista, ahora vamos a ver porque es misógina. Cuando culpamos a la reproducción; de la pobreza estructural, dejamos por fuera de ese “análisis”, varios aspectos importantes, tales como: La responsabilidad únicamente de las mujeres sobre los métodos anticonceptivos, cuando irrefutablemente los hombres son fértiles todos los días del año, mientras las mujeres somos fértiles, algunos pocos días al mes o depende de cada ciclo menstrual, porque puede llegar a ser menor. O algo aun más preocupante.

La des obligación paternal: Y no me refiero únicamente a pasar cuota, es hacerse cargo del bienestar total del infante, desde asearle el espacio en el que va habitar el menor, hasta pasar interminables horas en la sala de emergencia con el infante, cuando este se enferme a las 3 de la mañana por algún virus que este dando a causa de la contaminación del aire o demás virosis comunes, pero delicadas en los infantes.

¿Eso no es reproducir, y alimentar la pobreza estructural? Para que se lleven un panorama más completo, como esas acciones tan normalizadas alimentan la desigualdad social. Les voy a mostrar la consecuencia para que ustedes mismos hilen la relación.

Cuando las mujeres son las únicas responsables del aseo y actividades domésticas, estos más el trabajo, las deja profundamente exhaustas, sin más posibilidades de invertir tiempo, en estudios continuados o buscar aumentar su capital económico porque evidentemente no son robots y al llegar a casa después de una larga jornada laboral de más de 8 horas, sin contar el tiempo que pasan en el transporte público, llegar a realizar las tareas domésticas, las va a cansar, al punto en que ahí va a acabar su día.

Ahora cuando son las mujeres las únicas responsables de las diligencias médicas, escolares, licencias de maternidad, etc. Las empresas independientemente del sector económico, van a preferir contratar hombres porque estos no piden “tantos” permisos, o no se van a ausentar en licencias de paternidad, que por ley deben ser pagas. Y eso es la causa principal del desempleo femenino. Y no me refiero a la tasa de ocupación que toma en cuenta cualquier actividad económica sin importar si esta sea formal o no. Ya que las mujeres somos más propensas a ser parte de la economía informal, por la falta de ofertas en el mercado laboral, contextualizadas a nuestras necesidades. Y aunque el trabajo informal es una muestra de nuestra resiliencia y berraquera, también es una problemática que deja como resultado, personas que envejecen sin una pensión, o que no cotizan en salud o demás ítems de la seguridad social. Que la falta de estas seguridades alimenta aún más las desigualdades sociales.

Pero al mismo tiempo, que se condena la decisión de las madres de maternar en condiciones de bajos recursos económicos, irónicamente también se hace un llamado a: “Parir más”, como si nos tratásemos de vacas. Porque la economía necesita a nuestros hijos precarizados.

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Después, de explicar superficialmente algunas desigualades y sus consecuencias, la pregunta es: ¿Realmente nos preocupa la pobreza y la desigualdad social o somos clasistas y misóginos?

Cuando en el titulo mencione la decisión de no maternar, hago referencia a dos situaciones, que son fuertemente cuestionadas a las mujeres. Y que son muy delicadas y espero en esta columna plantearlas con el mayor respeto posible y es: La adopción como una alternativa a la decisión de no querer maternar y el aborto como una decisión valida al no querer continuar con un embarazo no deseado o con malformaciones en el feto.

Destaco mucho el verbo decidir, porque son decisiones, no son debates éticos para imponer sus creencias en las autonomías de las personas.

Porque, así como querer controlar la autonomía reproductiva de poblaciones de bajos recursos económicos es autoritario, clasista y misógino. Querer apelar a la ética y moral que dicen tener para controlar las decisiones de las personas es la otra cara de la misma moneda.

Y es que teniendo en cuenta las condiciones sociales mencionadas anteriormente como: la precariedad del mercado laboral, ausencia de guarderías públicas, transporte publico ineficiente e indigno, escuelas que no pueden garantizar ni siquiera una infraestructura funcional, servicios de salud inaccesibles y precarios.

La decisión de no maternar es muy cuerda y consciente. Y esto apelando únicamente a factores ligados a la economía, pero no hay que dejar por fuera los factores propios de la crianza, como ya los mencionamos anterior mente. Ligados a lo afectivo, psicológico, educativos o sociales.

Por ende, no entiendo porque la condena recae únicamente en las mujeres, y no en los hombres que también participaron en esa relación sexual suponiendo que fue consensuado en el mejor de los casos. ¿Por qué no se cuestiona a ese hombre que no tuvo responsabilidad sexual o afectiva?, les diré por qué, porque somos una sociedad misógina, que no importa que decidan las mujeres, siempre vamos a tener una condena, por el simple hecho de ser mujer.

Posdata: Feliz mes de las madres, mi columna del domingo pasado no la quise dirigir hacia las madres por respeto, a su día y su celebración. Sin embargo, el resto del mes estaré escribiendo desde la maternidad con diferente lente, para que no lo cuestionemos y podamos construir maternidades más justas.

Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.

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