Opinión
Improvisación en algunos directivos de altos cargos del gobierno de Abelardo
Por: Efran Lugo
A De la Espriella se le olvidó que la oposición, o quienes no votaron por él, estarán muy pendientes de cada paso en falso que dé su gobierno. Estamos hablando de un 48,5 % de los votantes, correspondiente a quienes respaldaron a su contrincante, teniendo como base que la diferencia con la que le ganó a Cepeda fue mínima: apenas un 1,33 %.
Solo han pasado 50 días desde que Abelardo De la Espriella empezó a llevar las riendas del país. Es decir, el debate sobre cómo se está viendo el inicio de este gobierno apenas comienza a calentarse. Ojalá no termine cumpliéndose aquel refrán que dice: “De malos comienzos, pocas veces salen buenos finales”.
La improvisación y el egocentrismo no pueden repetirse. Hemos notado que algunos ministros y altos funcionarios parecen estar tomando decisiones basadas en sentimientos, percepciones o corazonadas, cuando deberían actuar con mayor serenidad, estudiar cada situación, escuchar a los diferentes sectores y, sobre todo, estar bajo la premisa del respeto irrestricto a la ley.
Algunos parecen querer acabar con aquello que un gobierno anterior puso en marcha o dejó establecido. Y no necesariamente se hizo por ingenuidad; muchas de esas decisiones fueron producto de luchas, reclamaciones y procesos que durante años adelantaron diferentes grupos poblacionales.
Le puede interesar: Que defender a De la Espriella no se vuelva indefendible
Está bien que existan gobiernos diferentes en sus ideologías y en sus formas de gobernar. Eso hace parte de la democracia. Pero sí creo que cada decisión que se tome debe ser concertada con la ciudadanía, especialmente cuando pueda afectar derechos o condiciones de vida de la población.
Uno de los errores más grandes del gobierno anterior, particularmente frente a la reforma a la salud, fue querer acabar con buena parte del sistema existente, cuando lo que debió plantearse era una transformación progresiva y transicional, que permitiera garantizar que la población realmente quedaría protegida durante el proceso.
Al parecer, muchos de esos planes terminaron saliendo mal. En la realidad se observó inversión económica en supuestos cheques, pero fueron pocas las obras concretas, mientras la atención a los ciudadanos continuó siendo deficiente.

Todo esto, en buena medida, por dos razones: no se prepararon adecuadamente para gobernar y no desarrollaron un proceso transicional que permitiera avanzar de manera ordenada, gradual y segura.
En este sentido, empezamos a observar algunos desaciertos del gobierno de Abelardo De la Espriella relacionados con actuaciones de algunos ministros y directores. El Congreso, especialmente durante la discusión del presupuesto, ha empezado a ejercer control político y no parece estar dispuesto a dejar pasar ningún error.
Quizás el Gobierno tenga el respaldo de una mayoría en el Congreso, pero también estamos viendo una oposición estudiosa y juiciosa, que debate con argumentos y que puede poner en aprietos a cualquiera cuando encuentra inconsistencias en las decisiones gubernamentales.
Por eso, la necesidad de tener claro qué se quiere para el país es cada vez mayor, pero también es fundamental tener claridad sobre cómo se quiere gobernar y cómo se quiere tratar al país.
Gobernar no puede convertirse en una competencia por demostrar quién tiene la razón. Gobernar implica escuchar, concertar, estudiar, respetar la ley y entender que las decisiones de un Gobierno no afectan únicamente a quienes lo eligieron, sino también a quienes no lo hicieron.
Abelardo De la Espriella todavía está a tiempo de corregir el rumbo allí donde sea necesario. Pero para hacerlo tendrá que entender que gobernar no es simplemente llegar al poder: es saber ejercerlo con responsabilidad, preparación y respeto por quienes piensan diferente.
Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.