Opinión
Dos pruebas, un mismo diagnóstico
Por: José Julián Ñáñez Rodríguez – director del Doctorado en Ciencias de la Educación de la UT y Alejandra Barrios Rivera – magíster en Educación.
El 8 de septiembre la OCDE publicó los resultados de PISA 2025 y Colombia obtuvo 381 puntos en matemáticas, 399 en lectura y 414 en ciencias, por debajo de los promedios de la organización y con retrocesos significativos en matemáticas y lectura frente a 2018 (OCDE, 2026). La conversación pública se dedicó sobre todo a repartir responsabilidades, y quedó pendiente preguntar qué significa que una prueba internacional y otra nacional lleguen al mismo diagnóstico.
Las dos pruebas son muy distintas. PISA compara a escala internacional una muestra de estudiantes de quince años escolarizados y no tiene consecuencias para ellos, mientras que Saber 11 lo presentan los jóvenes al terminar la media y pesa de manera importante en el acceso a la educación superior, aunque no sea el único criterio. Las une una vocación aplicada, la competencia entendida como un saber hacer flexible que se actualiza en contextos nuevos (Ministerio de Educación Nacional [MEN], 2006).
Pese a ello, los resultados coinciden. En PISA, siete de cada diez estudiantes no alcanzan el nivel mínimo en matemáticas y más de la mitad tampoco en lectura (OCDE, 2026), y en Saber 11 cerca del 70 % se ubica en los dos niveles más bajos de Sociales y Ciudadanas (Fundación Empresarios por la Educación, 2026). El promedio nacional, además, subió de 250 puntos en 2021 a 261 en 2025 sin recuperar el máximo de 264 de 2016 (Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación [ICFES], 2026). Que instrumentos construidos de manera independiente apunten en la misma dirección dificulta atribuir el resultado a las pruebas, y como un nivel mínimo es un piso, no alcanzarlo indica que algo está fallando.
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Esa falla invita a preguntar por sus causas, y ahí ninguna prueba alcanza a responder, pues un examen registra un resultado y este no se explica por una sola variable. Intervienen las condiciones socioeconómicas, las desigualdades entre territorios, las trayectorias interrumpidas por la pandemia y las condiciones en que se enseña y se aprende, factores que además se influyen entre sí. Los datos lo sugieren, porque en PISA los estudiantes más favorecidos superan por 93 puntos en ciencias a los menos favorecidos (OCDE, 2026) y en Saber 11 la brecha entre zonas rurales y urbanas pasó de 22 a 30 puntos entre 2014 y 2025 (ICFES, 2026). A ello se añade que un promedio que sube no equivale a un aprendizaje que mejora, porque cuando una prueba tiene consecuencias la enseñanza tiende a ajustarse a ella (Koretz, 2017).

A estas causas se suma la inteligencia artificial. El 56 % de los estudiantes colombianos usa chatbots semanal o frecuentemente para aprender, diez puntos por encima del promedio de la organización (OCDE, 2026), y aún no sabemos si sustituirá el esfuerzo de comprender o lo acompañará. Sin mediación pedagógica, es plausible que amplíe las brechas existentes, pues quienes cuentan con más apoyo aprenderán a usarla mejor.
Más allá de las causas importan los efectos, y estos exceden los puntajes. Quien no alcanza las competencias mínimas para leer críticamente, razonar con evidencia y sostener una opinión tiene menos herramientas para participar en la vida pública, y eso contradice lo que la Constitución encarga a la educación, formar en el respeto a los derechos humanos, la paz y la democracia (Constitución Política de Colombia, 1991, art. 67). El ciudadano que el país se propuso formar supone capacidades que ningún examen registra por completo (Nussbaum, 2010). Las pruebas funcionan entonces como una alarma legítima, y atenderla exige una pregunta más amplia que la de quién falló, la de cuáles condiciones hacen posible que un joven aprenda a pensar.
Referencias
Constitución Política de Colombia [Const.]. (1991).
Fundación Empresarios por la Educación. (2026). Análisis de resultados Saber 11° 2025. https://fundacionexe.org.co/wp-content/uploads/2026/05/Analisis-Saber11_2025.pdf
Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación. (2026). Doce años del examen Saber 11.º. Evolución del desempeño según la zona y el sector de los establecimientos educativos. ICFES.
Koretz, D. (2017). The testing charade: Pretending to make schools better. University of Chicago Press.
Ministerio de Educación Nacional. (2006). Estándares básicos de competencias en lenguaje, matemáticas, ciencias y ciudadanas. MEN.
Nussbaum, M. C. (2010). Sin fines de lucro: Por qué la democracia necesita de las humanidades. Katz Editores.
OCDE. (2026). Resultados de PISA 2025. OECD Publishing.
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