sábado, 21 de marzo de 2026 10:25

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Opinión

Deportes Tolima: De los 3 mil de siempre a los 6 mil de siempre

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El aumento sostenido en la asistencia al Murillo Toro muestra una hinchada más presente, aunque todavía lejos de aprovechar el potencial de una plaza que, por historia y actualidad del equipo, podría tener mayores cifras de acompañamiento.

Por: Santiago Núñez

Durante años, hablar de la hinchada del Deportes Tolima era repetir casi un eslogan doloroso: “los 3 mil de siempre”. Un equipo competitivo, protagonista en Colombia, pero con una tribuna que no lograba corresponder a ese nivel. Hoy, sin embargo, la realidad merece una actualización: ya no son 3 mil… ahora son 6 mil de siempre.

Y eso, aunque parezca poco frente a un estadio como el Estadio Manuel Murillo Toro con capacidad cercana a 28 mil espectadores, en realidad es un avance significativo que merece reconocimiento.

Un equipo grande en la última década

En los últimos 10 años, la Liga BetPlay ha tenido pocos equipos tan constantes como el Deportes Tolima. Finales, títulos (como el de 2018 y 2021), clasificaciones recurrentes a cuadrangulares y presencia internacional en torneos como Copa Libertadores y Sudamericana lo consolidan como uno de los clubes más serios del país.

Mientras otros equipos grandes han tenido altibajos, el equipo de Ibagué ha sido sinónimo de estabilidad deportiva, buenos procesos y una identidad clara de juego.

Pero esa estabilidad no ha tenido un reflejo proporcional en las tribunas.

La asistencia: crecimiento real, pero insuficiente

Hace algunos años, el promedio de asistencia en Ibagué rondaba los 3 mil espectadores. Hoy, ver entre 5 mil y 6 mil hinchas en partidos regulares es mucho más común. Es decir, la base fiel se duplicó.

Sin embargo, el contraste sigue siendo evidente si se compara con otras plazas del país:

En ciudades como Medellín o Bogotá, equipos como Nacional, Medellín, Millonarios o Santa Fe pueden superar fácilmente los 15 mil o 20 mil asistentes en partidos normales. Incluso equipos con menor protagonismo reciente, en ciudades con mayor densidad poblacional o tradición futbolera, suelen manejar promedios superiores a los de Ibagué, como el Atlético Bucaramanga y Once Caldas. Aquí es donde entra el análisis más complejo: no todo es falta de amor.

¿Por qué no se llena el Murillo Toro?

Reducir el debate a “la gente no apoya” es simplificar demasiado. Hay factores estructurales que influyen:

1. Economía local

Ibagué no tiene el mismo músculo económico que otras ciudades. Los precios de las entradas que van entre $20.000 a $137.000 pueden parecer accesibles en el papel, pero para muchas familias representan un gasto considerable, especialmente si van varios miembros.

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2. Relación costo-espectáculo

El hincha tolimense es exigente. Las eliminaciones dolorosas en casa, finales perdidas o partidos clave donde el equipo no responde han generado cierta desconfianza: “¿vale la pena pagar para esto?”.

3. Transporte y logística

Movilizarse en la ciudad, especialmente en horarios nocturnos, no siempre es cómodo ni seguro. Esto impacta directamente la decisión de asistir.

4. Cultura futbolera en construcción

A diferencia de otras ciudades con tradición centenaria de grandes multitudes, en Ibagué el crecimiento de la cultura de estadio ha sido más progresivo.

5. Horarios y televisión

Los horarios impuestos por la televisión muchas veces no favorecen la asistencia familiar o laboral.

6. Precios relativos

Aunque no son los más caros del país, tampoco son los más competitivos si se comparan con promociones agresivas que se ven en otras plazas (boletas populares más económicas o combos familiares).

Una hinchada que sí está creciendo

Decir que el Deportes Tolima no tiene hinchada ya no es cierto. La realidad muestra otra cosa: hay una base que ha crecido, que se mantiene y que acompaña incluso sin títulos recientes.

Pasar de 3 mil a 6 mil no es un fracaso, es una señal de construcción. El problema sería que con el pasar de los años ese crecimiento se estanque ahí.

El reto no es solo de la hinchada. Es de todos.

  • Del club, para generar estrategias más agresivas de fidelización, revisar precios, mejorar la experiencia en el estadio y reconectar emocionalmente con la gente.
  • De la ciudad, para fortalecer su identidad alrededor del equipo, facilitar el acceso y hacer del fútbol un plan más atractivo.
  • De la hinchada, para dar ese siguiente paso: pasar de ser fiel a ser masiva. Porque este equipo ya demostró que compite como grande.

El equipo hace rato dejó de ser chico desde la cancha. Ahora el desafío es que Ibagué deje de serlo en la tribuna.

Porque sí, ya no son los 3 mil de siempre.

Pero si este proceso sigue, algún día tampoco serán solo 6 mil.