Opinión
DEL «SHU, SHU, SHU» AL COLAPSO DE LA SALUD
Por: José Baruth Tafur
Cuando el presidente Gustavo Petro dijo: «Si yo quisiera acabar las EPS, ¿sabe qué hago? No presento el proyecto de reforma. Dejo que pase lo que está pasando y entonces… shu, shu, shu… eso es un dominó», muchos creyeron que era apenas una metáfora política. Hoy, para millones de colombianos, esa frase dejó de ser una figura retórica para convertirse en la descripción de una realidad, el sistema de salud empeoro.
Lo más indignante no es únicamente la expresión. Lo verdaderamente preocupante es que pareciera haber anticipado un camino: permitir el deterioro progresivo del sistema hasta que las EPS fueran cayendo una tras otra, no como consecuencia de una reforma aprobada democráticamente, sino por asfixia financiera y operativa. Esa interpretación ha sido sostenida por distintos analistas y exfuncionarios, como el Exrector de la Andes Alejandro Gaviria, quienes han señalado que el debilitamiento del aseguramiento avanzó incluso sin que la reforma inicial fuera aprobada en el Congreso.
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Mientras el Gobierno insistía en que estaba transformando la salud, miles de pacientes enfrentaban otra realidad: citas aplazadas, cirugías represadas, escasez de medicamentos y hospitales cada vez más presionados por una crisis de liquidez, si no pregúntenle a los docentes que son el sistema piloto de salud, El discurso hablaba de derechos; la realidad hablaba de filas, tutelas y desesperación.

El «shu, shu, shu» dejó de ser un sonido para convertirse en el ruido de un sistema que empezaba a desmoronarse.
Los defensores del Gobierno sostienen que el sistema ya venía arrastrando problemas estructurales y que las EPS acumulaban deficiencias históricas. Esa realidad existía y merece ser reconocida, puede ser subsanable en este punto. Sin embargo, también es cierto que numerosos sectores del sistema de salud advirtieron que las decisiones adoptadas durante el gobierno del cambio profundizaron la crisis financiera y operativa, especialmente en las entidades intervenidas y en la red prestadora, todo con la finalidad de defender la narrativa de Gobierno.
La salud nunca debió convertirse en un experimento político.
Cuando un paciente espera un medicamento, no le interesa la confrontación entre Gobierno y oposición. Cuando una madre espera una autorización para su hijo, no le sirven los discursos. Cuando un adulto mayor pasa meses esperando una cirugía, poco importa quién gane el debate político.
La salud existe para salvar vidas, no para demostrar teorías.
Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.