Opinión
La ciencia no puede permitirse perder a sus mujeres
Por: Melissa Barreto
«Las mujeres representan el 31.4% de las personas investigadoras en el mundo, aunque su presencia ha crecido lentamentedesde 2013. En STEM, son el 35% de las egresadas, una cifra que no ha cambiado en una década. Y en los puestos más visibles del conocimiento, la desigualdad es todavía más evidente: solo 30 de los 769 Nobel científicos individuales entregados entre 1901 y 2026 han sido para mujeres.» Unesco
Durante años la representacion de las mujeres en la cinecia ha sido baja, sin embargo, en los ultimos años se habia visto un crecimiemto y se tenía la esperanza de que fuera creciendo, pero se ha evidenciado no solo un estancamiento, sino un decrecimiento.
Parte del problema comienza en el aula. La poca y escasa inversion que hay para areas como las matemáticas, la ingeniería o la física y la no exigencia de pariedad de género. Los estereotipos de género afectan la confianza, el acceso a oportunidades y la posibilidad de imaginar una carrera científica.
Luego llega la llamada “tubería con fugas”: las mujeres pueden avanzar en la universidad, pero se van perdiendo en el doctorado, la investigación, los cargos directivos y el reconocimiento público. No es una pérdida repentina, sino una acumulación de pequeñas exclusiones: menos financiamiento, menos redes, menos referentes, menos tiempo y menos legitimidad.
La ciencia premia, la dedicación, sin interrupciones y libre de responsabilidades domésticas. Ese modelo no es neutro: descansa sobre una división sexual del trabajo que sigue recayendo en las mujeres.

Cuidar hijos, personas enfermas o adultos mayores no es un “asunto privado” ajeno a la carrera científica. Es una carga que condiciona publicaciones, movilidad, horarios, becas y ascensos. Mientras el cuidado no se redistribuya, hablar de mérito científico será hablar de una carrera donde las reglas favorecen a quien puede permitirse dedicarle todo su tiempo a la ciencia.
A esto se suma el efecto Matilda: la tendencia histórica a invisibilizar, minimizar o atribuir a hombres los aportes de las mujeres. Cuando una idea se cita menos, un nombre se omite o un descubrimiento se recuerda con el rostro de otro, no solo se perjudica a una persona: se distorsiona la historia de la ciencia.
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Algunos aún ven esto como un problema “de mujeres”. Es un error. Cuando la ciencia excluye a la mitad de la población, pierde preguntas, métodos, experiencias y soluciones. UNESCO ha advertido que la baja representación femenina limita la diversidad de ideas y puede introducir sesgos en la investigación.
Una ciencia más diversa no es una ciencia menos rigurosa. Es una ciencia más capaz de mirar la realidad completa. Si quienes investigan provienen de vidas, contextos y necesidades distintas, las preguntas también serán más amplias.
Con el auge de la IA y las nuevas formas de hacer ciencia, no solo deberían haber más mujeres participando de estos proyectos, sino una perspectiva de género integra, que permita que estás nuevas herramientas no sean un nuevo escenario de violencia de género como lo hemos visto, sino que aporten en cerrar estas brechas de género, que parece cada vez más amplia.
La pregunta no debería ser: ¿Por qué hay menos mujeres en la ciencia?. La pregunta verdadera es: ¿Por qué la ciencia sigue organizada de manera que tantas mujeres deben elegir entre pertenecer a ella y vivir una vida plena?. Mientras esa pregunta siga sin respuesta, la ciencia seguirá perdiendo talento que no puede permitirse perder.
Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.
