jueves, 26 de febrero de 2026 15:18

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Nación

Uno de cada tres jóvenes siente que la IA lo entiende mejor que su familia

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Es tendencia la nueva relación emocional con la tecnología.

La inteligencia artificial ya no es solo una herramienta de productividad laboral puesto que, se está convirtiendo en una nueva forma de vínculo emocional. Así lo revela el informe Dentsu Creative Trends 2026, que advierte que el 32% de los consumidores a nivel global afirma que su chatbot de IA lo entiende mejor que su familia o amigos, cifra que asciende al 42% entre la Generación Z.

Este fenómeno, que dentsu denomina The AI Situationship, refleja un cambio profundo en la relación entre humanos y tecnología. El 53% de los consumidores ya utiliza plataformas de IA en su vida personal, y el 51% asegura que ahora le hace preguntas a la IA que anteriormente hacía a personas cercanas, lo que plantea nuevos retos para la salud emocional y la cohesión social.

Los jóvenes lideran esta transformación. De acuerdo con el estudio, el 25% de la Generación Z utiliza la IA como forma de apoyo emocional, ya sea para sentirse escuchado, menos solo o recibir orientación. Una cifra que contrasta con apenas el 8% entre los baby boomers. Este comportamiento confirma que la IA está ocupando espacios tradicionalmente reservados a las relaciones humanas.

«La inteligencia artificial está evolucionando más rápido que cualquier tecnología anterior, pero nuestra relación emocional con ella no ha sido suficientemente cuestionada”, señala Diana Triana, Chief Creative Officer de Dentsu. “El reto no saber si la IA puede generar cercanía con las personas, sino qué tipo de vínculos estamos dispuestos a delegar a una máquina».

El auge emocional de la IA convive con una creciente crisis de confianza digital. Solo el 46% de los consumidores se siente capaz de identificar contenido generado por inteligencia artificial. Al mismo tiempo, investigaciones citadas en el informe muestran que la cantidad de contenido generado por IA ya supera al producido por humanos, afectando la credibilidad y el rendimiento del contenido en buscadores.

A este fenómeno se le suma el crecimiento del llamado «AI slop»: contenido masivo, genérico y de baja calidad. Plataformas como YouTube y Spotify ya han tomado medidas para limitar la monetización de contenido producido de forma automática, mientras que un Estudio de Raptive indica que la confianza del lector disminuye cuando un texto “se siente” generado por IA, incluso si la información es correcta.

Como respuesta, emerge una contracorriente clara: Slowing the Slop. Este consiste en migrar hacia contenidos más lentos, profundos y significativos como reacción a feeds saturados de estímulos rápidos y desechables. De hecho, el informe muestra que el 54% de la Generación Z consume este tipo de contenidos. Para los medios y las marcas tecnológicas, esto redefine el valor de la curaduría, el contexto y la autoría humana.

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La tensión entre lo humano y lo artificial también se manifiesta en el auge de los influencers generados por IA. En 2025, artistas, músicos y creadores completamente creados por IA lograron millones de reproducciones en plataformas como Spotify antes de revelar su origen artificial, mientras que avatares hiperrealistas ya participan en campañas de moda, entretenimiento e incluso campañas políticas.

Este avance plantea dilemas éticos inéditos. Según datos de dentsu, el 43% de los consumidores afirma que no sigue ni tiene interés en seguir a influencers creados por IA, mostrando una resistencia significativa, especialmente en occidente. En contraste, países como China e India muestran mayor apertura a estos influencers.

«Estamos entrando en una era donde lo ‘hecho por humanos’ se convierte en un nuevo símbolo de valor”, explica Diana Triana. “Las marcas y plataformas que no definan límites claros entre automatización y autenticidad corren el riesgo de perder credibilidad, incluso si ganan eficiencia».

El informe advierte que el futuro de la IA no será solo técnico, sino emocional y regulatorio. Países como Dinamarca ya han avanzado en debates sobre derechos de imagen, voz y cuerpo frente a sistemas generativos, mientras que marcas globales han comenzado a declarar públicamente su decisión de no utilizar personas generadas por IA en su comunicación.

La IA ya no solo transforma cómo se produce el contenido, sino cómo se construyen vínculos, confianza y autoridad en el entorno digital. «La pregunta ya no es sí la inteligencia artificial puede imitar lo humano, sino qué estamos dispuestos a aceptar como relación, influencia, información y verdad», indica Diana.

Dentsu concluye que el desafío para 2026 será diseñar una tecnología que funcione, pero que también se sienta correcta. En un contexto donde la línea entre lo real y lo artificial es cada vez más difusa, la empatía, la transparencia y la responsabilidad ética serán tan determinantes como el algoritmo.