Ibagué

Una década de control fiscal y defensoría ciudadana en Ibagué: avances, sombras y la necesidad de mayor contundencia

Published

on

En los últimos diez años, la Personería Municipal de Ibagué y la Contraloría Municipal han cumplido roles esenciales en la vigilancia de la gestión pública local. La primera como defensora de derechos humanos y veedora de la Administración; la segunda como guardiana del erario.

Su labor ha sido visible en alertas sobre obras emblemáticas, acompañamiento a comunidades y detección de irregularidades. Sin embargo, una mirada reflexiva revela altibajos, limitaciones de impacto real y cuestionamientos a su propia gestión. Datos contrastados de auditorías oficiales, informes de la Contraloría y coberturas de medios regionales permiten un balance mesurado pero crítico.

La Personería: Vigilancia activa, pero con fisuras internas

Con el personero Educardo Espinosa Palacios (elegido para el periodo 2024-2028), la entidad ha intensificado el escrutinio a proyectos como el Parque Centenario, donde expresó preocupación por adiciones millonarias no suficientemente socializadas, inconsistencias en ejecución y fallas en la planeación, anunciando vigilancia permanente.

Ha adelantado decenas de investigaciones, monitoreado salud rural, piques ilegales y derechos ciudadanos, promoviendo un enfoque de “más territorio, menos escritorio”.

Estas acciones generan impacto mediático. No obstante, la Personería no ha escapado de escrutinio interno. La Contraloría Municipal, en auditoría de la vigencia 2024, entregó un “informe negro” con 46 hallazgos administrativos (34 con connotación disciplinaria, 17 fiscales por cerca de $490 millones y 11 penales). Se señalaron debilidades graves en planeación contractual, supervisión, rendición de cuentas y ejecución de contratos (como uno con Comfatolima por más de $111 millones). Esto obligó a un plan de mejoramiento.

Adicionalmente, la Procuraduría abrió indagaciones por presuntas irregularidades en viáticos (anticipos sin soportes completos), falta de informes ejecutivos y contratación directa cuestionable. Estos hechos invitan a la reflexión: una entidad que vigila a otros debe ejemplificar el mayor rigor para mantener credibilidad.

En la década, su rol ha sido más reactivo que preventivo en escándalos estructurales, aunque ha logrado fallos favorables en litigios y acompañamiento ciudadano.

La Contraloría: Hallazgos relevantes, transición de liderazgo y retos de impacto

Hasta finales de 2025, bajo la contralora Edna Margarita Murcia Mejía, la Contraloría emitió informes con hallazgos concretos. Destaca la auditoría al acueducto complementario, donde la Contraloría General de la República configuró hallazgos fiscales por más de $8.271 millones en pagos injustificados, redes construidas sin cumplir diseños y ejecución irregular (2022-2024).

También se reportaron anomalías en el SETP, cobros de impuestos y seguimiento a obras como el Parque Centenario.

Sin embargo, ha enfrentado críticas de veedores ciudadanos por presuntamente “bajar” hallazgos de posible alcance penal o disciplinario a administrativos en auditorías a entidades como el Concejo, limitando traslados efectivos. Hubo cuestionamientos a su independencia y procesos propios.

Le puede interesar: JEP escuchó en Ibagué testimonios de víctimas del conflicto armado en Colombia

Importante actualización: Desde inicios de 2026, la Contralora Municipal es Francy Johana Ardila Salazar (elegida por el Concejo con amplias mayorías a finales de 2025, tras ser personera). Su llegada representa una transición clave. Se espera que imprima mayor dinamismo, independencia técnica y resultados en recuperación de recursos, en un periodo donde la ciudadanía demanda control más efectivo.

En diez años, la entidad ha configurado hallazgos millonarios, pero la recuperación efectiva de dineros y sanción visible a responsables ha sido percibida como lenta. El control fiscal moderno exige ir más allá de la detección.

Reflexión final: Fortalecer las instituciones de control

Ibagué necesita organismos de control independientes, técnicos y con capacidad real de incidencia. En la última década, Personería y Contraloría han alertado sobre riesgos en obras públicas, salud y derechos, cumpliendo funciones esenciales.

Pero las irregularidades internas, la percepción de tibieza en algunos casos y la lentitud en resultados concretos generan escepticismo ciudadano.

No se trata de descalificar su labor, sino de exigir corrección de rumbo. La ciudadanía reclama mayor transparencia en su propia casa, mejor articulación entre entes de control y resultados medibles (recuperación de recursos, sanciones efectivas).

Solo así pasarán de observadores a verdaderos garantes de una Ibagué más equitativa y eficiente. El balance no es catastrófico, pero urge una renovación profunda para los próximos años.

Más Recientes

Salir de la versión móvil