Opinión
¿Qué mundo le ofrecemos a los que aún no han nacido?
Por: José Julián Ñáñez Rodríguez – director del Doctorado en Ciencias de la Educación de la UT y Alejandra Barrios Rivera – magíster en Educación.
Durante siglos, no tener hijos fue considerado una tragedia o una anomalía; hoy se ha convertido en una de las decisiones vitales más frecuentes de las generaciones contemporáneas. Ese desplazamiento no es trivial ni caprichoso; es un síntoma que merece ser leído con más cuidado del que habitualmente se le dedica. Porque cuando una tendencia atraviesa culturas, clases sociales y geografías tan distintas como las que separan a Corea del Sur de Colombia, a Alemania de Brasil, algo más profundo que la preferencia individual está en juego.
Los datos son elocuentes. Según el Pew Research Center (2023), el 47% de los adultos estadounidenses encuestados señaló que era poco probable que tuviera hijos, frente al 37% que respondió lo mismo en 2018. En Colombia, la tasa de fecundidad llegó en 2024 a 1,1 hijos por mujer, muy por debajo del umbral de reemplazo de 2,1 (DANE, 2025); y el 40% de las personas que desearían tener más hijos no lo hace por razones económicas, inseguridad laboral y costo de vivienda (UNFPA, 2025). Sin embargo, reducir el fenómeno a sus cifras es perder precisamente lo que las cifras no pueden capturar: las razones concretas, situadas y a menudo contradictorias desde las que cada persona llega a esa decisión o a esa renuncia.
La primera de esas razones es estructural. Han (2012) describió la sociedad contemporánea como una sociedad del rendimiento en la que el sujeto se autoexplota bajo la ilusión de la libertad; trabaja más, produce más y se agota más, convencido de que lo hace por elección propia. En ese marco, la maternidad y la paternidad no son solo una decisión afectiva sino también una ecuación económica que muchos no pueden cerrar; y cuando el empleo es inestable, el alquiler consume más de la mitad del salario y el sistema de cuidados es inaccesible, tener hijos no desaparece como deseo; simplemente se vuelve imposible como proyecto.

La segunda dimensión es existencial. El 38% de los adultos sin hijos encuestados por Pew Research Center (2023) mencionó la preocupación por el estado del mundo como factor relevante; el 26% señaló específicamente el impacto ambiental. Traer una vida al mundo supone una apuesta por el futuro; cuando ese futuro se percibe amenazado por la crisis climática y la inestabilidad política, esa apuesta se vuelve más difícil de sostener. Jonas (1995) planteó que la responsabilidad hacia las generaciones futuras es una de las categorías éticas centrales de nuestro tiempo; paradójicamente, son quienes más interiorizan esa responsabilidad quienes con más frecuencia deciden no reproducirse, no porque sean pesimistas, sino porque leen con lucidez un contexto que los datos confirman.
La tercera y cuarta dimensión se tocan. El 57% de los encuestados por Pew Research Center (2023) señaló que simplemente no quiere tener hijos; el 44% que prefiere enfocarse en otros aspectos de su vida; y el 24% que no ha encontrado una pareja adecuada. Estas cifras suelen recibirse con juicio, como si la decisión de no reproducirse fuera un síntoma de egoísmo o de soledad elegida. Taylor (1994) ofreció una lectura más precisa: la búsqueda de una vida auténtica, de un proyecto propio que no repita mecánicamente los mandatos heredados, es uno de los rasgos definitorios de la modernidad. Fromm (1956) añadió que el amor no es un sentimiento que simplemente ocurre sino un arte que exige condiciones para desarrollarse; sociedades organizadas en torno al consumo y la autosuficiencia producen individuos que desean el vínculo pero tienen cada vez menos herramientas para sostenerlo.
Si las estructuras económicas hacen que criar una vida parezca un lujo; si el horizonte climático se percibe como amenaza más que como promesa; si la búsqueda de autenticidad lleva a cuestionar los mandatos reproductivos heredados; y si los vínculos afectivos se han vuelto más difíciles de construir y sostener, entonces la pregunta pertinente no es qué está fallando en las personas que deciden no tener hijos. Es qué está fallando en las condiciones que les ofrecemos.
Referencias
DANE. (2025). Estadísticas vitales 2024. Departamento Administrativo Nacional de Estadística. https://www.dane.gov.co
Fromm, E. (1956). El arte de amar. Paidós.
Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder.
Jonas, H. (1995). El principio de responsabilidad. Herder. (Obra original publicada en 1979)
Pew Research Center. (2023). The experiences of U.S. adults who don’t have children. https://www.pewresearch.org
Taylor, C. (1994). La ética de la autenticidad. Paidós. (Obra original publicada en 1991)
UNFPA. (2025). Estado de la población mundial 2025. Fondo de Población de las Naciones Unidas.