Opinión

Que el algoritmo no nuble tu percepción de la realidad

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Por: Dahian García Covaleda

Vivimos en la era en la que un algoritmo decide gran parte de lo que vemos, leemos y hasta de lo que creemos. Las redes sociales dejaron de ser simples espacios de comunicación para convertirse en gigantescas cámaras de eco que alimentan nuestras convicciones y silencian las opiniones diferentes. El problema no es el algoritmo en sí, sino permitir que reemplace la realidad.

En Colombia, el debate político ha demostrado que muchos prefieren negar aquello que no coincide con sus expectativas. Tras la elección de Abelardo de la Espriella, una parte del país insiste en desconocer el mensaje que enviaron millones de ciudadanos en las urnas. Más allá de simpatías o diferencias con el presidente electo, una democracia se fortalece cuando se respetan las reglas del juego y los resultados que arrojan las instituciones competentes. Las controversias legales existen y deben resolverse por las vías institucionales, no por la presión de las tendencias en redes sociales.

El algoritmo nos muestra miles de publicaciones que confirman lo que queremos creer. Si seguimos únicamente a quienes piensan igual, terminamos convencidos de que «todo el país» comparte nuestra visión. Pero basta salir a la calle para descubrir una Colombia mucho más diversa, con ciudadanos que votaron motivados por el cansancio, la inseguridad, la economía o simplemente por el deseo de un cambio político.

Ese cambio puede gustar o no. Puede generar esperanza en unos y preocupación en otros. Lo que no puede ocurrir es que la realidad sea sustituida por una narrativa construida a punta de tendencias, videos virales y desinformación. Cuando el algoritmo se convierte en nuestra única fuente de información, dejamos de analizar y empezamos a reaccionar.

La democracia no consiste en aceptar únicamente las victorias propias. También implica reconocer cuando la mayoría decide un camino distinto al que esperábamos. Desconocer a quienes votaron diferente solo profundiza la polarización que tanto daño le ha hecho al país.

Hoy Colombia necesita menos fanatismo digital y más capacidad de escuchar. Menos discursos diseñados para generar indignación y más debates basados en hechos. Porque ningún algoritmo conoce mejor la realidad del país que los millones de colombianos que, con aciertos o errores, expresan su voluntad en las urnas.

La tecnología puede influir en nuestras percepciones, pero nunca debería reemplazar nuestro juicio. Si permitimos que el algoritmo piense por nosotros, dejaremos de entender la realidad. Y cuando una sociedad pierde la capacidad de reconocer los hechos porque solo cree en lo que aparece en su pantalla, la democracia empieza a perder mucho antes de que se cuente el primer voto.

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