Opinión

Piscinas, páramos y el futuro del turismo en el Tolima

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Por: Efran Lugo

Por estos días, el departamento del Tolima atraviesa dos situaciones que impactan directamente al sector turístico y que obligan a reflexionar sobre el futuro del turismo en nuestra región.

La primera de ellas corresponde a la decisión adoptada por el Ministerio de Salud mediante la Resolución 234 de 2026, expedida en el mes de febrero, a través de la cual se estableció un nuevo marco sanitario para la calidad del agua en piscinas y estructuras similares en Colombia. Aunque las medidas sanitarias contempladas en esta resolución resultan necesarias para proteger la salud pública y garantizar mejores condiciones para los usuarios, en el fondo también han generado un fuerte impacto económico para varios municipios turísticos del oriente del Tolima, especialmente para Melgar, reconocido nacionalmente como la capital de las piscinas en Colombia.

La preocupación radica en que las exigencias establecidas por la resolución son altamente rigurosas para muchos establecimientos turísticos, tanto públicos como privados. Fincas turísticas, conjuntos residenciales, hoteles y centros vacacionales deberán contar con laboratorios propios o mecanismos técnicos especializados para realizar análisis permanentes de la calidad del agua, además de personal idóneo para adelantar dichos procesos químicos y sanitarios.

A esto se suma la obligación de implementar sistemas de dosificación más amplios, nuevos protocolos escritos, registros permanentes y una carga administrativa considerable que muchos pequeños y medianos prestadores turísticos no están en capacidad de asumir económicamente. La realidad es que gran parte de estos establecimientos no cuentan hoy con el personal técnico ni con los recursos financieros necesarios para cumplir inmediatamente con todos los requerimientos exigidos por la norma.

El riesgo es evidente: numerosos establecimientos turísticos en municipios como Melgar, Carmen de Apicalá e Ibagué podrían enfrentar sanciones o incluso cierres temporales hasta tanto logren ajustarse a los parámetros sanitarios establecidos. Esto podría traducirse en pérdida de empleos, disminución del movimiento económico local y una afectación directa al turismo de piscinas, una de las principales fuentes de ingresos para estas regiones.

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Sin embargo, el debate no solo gira en torno al impacto económico. También debemos entender que el turismo del futuro exige mayor responsabilidad sanitaria y ambiental. El reto está en encontrar un equilibrio entre las exigencias del Estado y la capacidad real de adaptación de los empresarios turísticos, evitando que medidas necesarias terminen asfixiando la economía regional.
Por otra parte, existe preocupación frente a la reciente decisión judicial del Tribunal Superior de Ibagué, mediante la cual se levantó la medida de pico y placa para el ingreso de vehículos particulares en la vía entre Murillo y Manizales, corredor que conduce al majestuoso Parque Nacional Natural Los Nevados y permite apreciar el imponente Nevado del Ruiz.

Esta ruta, considerada por muchos como una de las más hermosas de Colombia, alberga ecosistemas estratégicos de páramo, fundamentales para la producción de agua y la conservación ambiental del país. No obstante, también enfrenta amenazas constantes derivadas de actividades antrópicas y del comportamiento irresponsable de algunos visitantes que no respetan las normas ambientales ni la fragilidad de estos ecosistemas.

La eliminación de las restricciones vehiculares podría generar un incremento descontrolado del turismo masivo, provocando congestión, contaminación y un deterioro acelerado de uno de los patrimonios naturales más importantes de Colombia. La naturaleza tiene límites, y lamentablemente muchas veces como sociedad olvidamos que conservar también implica restringir.

Hoy más que nunca debemos promover un turismo responsable y regenerativo, un turismo que no solo contemple disfrutar de los paisajes, sino también aportar a su conservación. Como seres humanos debemos comprender que la naturaleza ya nos ha entregado demasiado: agua, biodiversidad, clima y escenarios únicos que son orgullo nacional. Nuestra obligación no puede ser únicamente recibir de ella, sino también protegerla para las futuras generaciones.

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