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Más allá de las palabras: estrategia contra el estigma en salud mental en el Tolima

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La iniciativa promueve conversaciones más empáticas y cuestiona expresiones cotidianas que pueden reforzar el estigma, los prejuicios y la discriminación hacia quienes atraviesan situaciones relacionadas con su salud mental.

Hablar de salud mental también implica revisar la manera en que se habla de las personas. Expresiones que pueden parecer inofensivas o que hacen parte del lenguaje cotidiano pueden terminar convirtiéndose en etiquetas, prejuicios o barreras para quienes necesitan ser escuchados y acompañados.

Ese es uno de los puntos de partida de la Estrategia Territorial de Comunicación y Participación para la Reducción del Estigma y la Discriminación en Salud Mental en el Tolima, desarrollada por el Ministerio de Salud y Protección Social y el Hospital Especializado Granja Integral E.S.E., que plantea la comunicación como una herramienta para transformar imaginarios y promover relaciones más respetuosas frente a la salud mental.

La estrategia parte de una idea sencilla: la persona sigue siendo la misma, aunque aparezca una etiqueta. Cuando alguien es reducido a expresiones como “está loco”, “es muy sensible” o “exagera todo”, la mirada sobre esa persona puede cambiar y, con ella, también la forma en que los demás se relacionan con ella.

Por eso, una de las líneas de trabajo propone identificar aquellas expresiones y representaciones que pueden resultar estigmatizantes y abrir espacios para cuestionarlas. El propósito no es señalar a quienes las utilizan, sino generar una reflexión sobre el efecto que pueden tener las palabras cuando se convierten en juicios sobre otra persona.

De juzgar a comprender

La propuesta comunicativa invita a hacer un cambio en las conversaciones cotidianas: pasar de juzgar a preguntar, de minimizar a escuchar y de etiquetar a comprender.

Este enfoque reconoce que el estigma no aparece únicamente en grandes actos de discriminación. También puede reproducirse en comentarios, bromas, calificativos o respuestas aparentemente sencillas que terminan deslegitimando lo que otra persona siente o experimenta.

La estrategia busca, precisamente, llevar esa reflexión a escenarios cercanos y cotidianos, especialmente entre adolescentes y jóvenes, mediante procesos participativos y pedagógicos que les permitan reconocer cómo se construyen los imaginarios alrededor de la salud mental y qué papel pueden desempeñar en su transformación.

En este proceso cobra especial importancia el semillero “Voces que cuidan”, concebido como un espacio de participación y formación en el que los jóvenes pueden conversar, crear y producir contenidos alrededor de la salud mental desde sus propias experiencias y lenguajes.

La apuesta combina así comunicación, participación y psicoeducación. No se trata únicamente de transmitir información sobre salud mental, sino de generar condiciones para hablar de ella de otra manera: con mayor comprensión, sin juicios y reconociendo que pedir ayuda, expresar lo que se siente o atravesar una situación de salud mental no debería convertirse en motivo de señalamiento.

Cambiar las palabras también cambia las relaciones

El mensaje central de la campaña se resume en una invitación concreta: hablar diferente también es una forma de cuidar.

Cambiar “está loco” por una pregunta; dejar de minimizar lo que alguien siente; escuchar antes de emitir un juicio o evitar reducir a una persona a una etiqueta son pequeñas transformaciones que pueden contribuir a construir entornos más seguros y empáticos.

Desde esta perspectiva, cuestionar la discriminación no significa únicamente identificar aquello que está mal. También implica reconocer que existen otras maneras de relacionarnos.

Cuidar la mente también es cuidar la vida. Y hacerlo comienza, muchas veces, por algo tan cotidiano como las palabras que elegimos para hablar de los demás.

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