miércoles, 21 de octubre de 2026 13:04

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Política

Líderes inventados, egos y la sombra de Julio Roberto: La fracturada izquierda de Cajamarca

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Si en la Despensa Agrícola por el ala conservadora llueve, en la orilla de la izquierda y la centroizquierda no escampa.

A la hora de mirar la baraja de precandidatos que pretenden arrebatarle el poder al actual alcalde Camilo Valencia, lo que se avizora no es una alternativa sólida, sino un desfile de egos, cálculos prematuros y liderazgos inventados al amparo de una misma sombra: la del exalcalde Julio Roberto Vargas.

En la izquierda cajamarcuna parece haberse instalado una ilusión óptica: la idea de que haber ejercido un cargo público, haber firmado un contrato estatal o haber levantado una pancarta en marchas ambientales otorga, por arte de magia, un caudal electoral propio. Sin embargo, la realidad de las urnas suele ser terca con quienes hacen política de cafetería y pretenden cosechar sin haber sembrado kilometraje electoral.

El Pacto y el fantasma de Julio Roberto:

En materia de precandidatos, en un primer bloque se agrupan las figuras que aún orbitan directamente bajo el paraguas del Pacto Histórico y la nostalgia del gobierno de Julio Roberto. Son perfiles surgidos de las entrañas de esa administración, pero que jamás han puesto el pecho en una contienda a nombre propio:

  • John Jader Murcia: Pasó de estar al frente del Instituto Cajamarcuno de Deportes (ICDER) en la alcaldía de Julio Roberto, a liderar la campaña del representante Marco Emilio Hincapié en Cajamarca. Ha demostrado capacidad de gestión, pero no sería fácil pasar del manejo del deporte local a dirigir los destinos del municipio. Gracias al apoyo a Hincapié podría quedarse con el aval del Pacto.
  • Gina Lorena López: Exsecretaria de Gobierno de Julio Roberto. Hoy se debate entre el guiño del Pacto y la búsqueda del aval del Partido Alianza Verde, apalancada por su cercanía con el representante Renzo García con quien viene trabajando de la mano desde la campaña a Cámara.
  • Carlos Muñoz: Excontratista de la misma administración de Vargas, recordado por haber coordinado la logística de la maquinaria amarilla y ser un líder y activista ambiental con cierto reconocimiento.

Entre los tres hay intriga, discusiones por avales y aspiraciones legítimas, pero un vacío de fondo: ninguno ostenta un capital electoral propio. Salir a la calle a buscar los 3.500 votos que se necesitan para disputar verdaderamente la alcaldía exige mucho más que haber administrado burocracia o coordinado maquinaria. Sin una estructura probada, sus nombres flotan como liderazgos débiles.

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Los ‘disidentes’: Votos propios y rupturas imperdonables

Por fuera de ese grupo directo, pero unidos por el mismo pasado cercano a la anterior administración, emergen dos figuras con matices y trayectorias distintas:

  • Juan Camilo Gómez: La herencia golpeada

Actual secretario de la Asamblea Departamental del Tolima, Gómez también tuvo su paso como contratista en la era Julio Roberto, aunque marcó distancia de esa estructura. Heredero político de su padre, el fallecido exalcalde liberal Evelio Gómez, cuenta con un capital sentimental y familiar. Sin embargo, en las elecciones de hace tres años cosechó alrededor de 1.000 votos: un número respetable como base individual, pero insuficiente para sostener por sí solo una aspiración victoriosa sin alianzas de peso.

  • Steven Báez: La traición inaudita para la izquierda

El caso de Báez es quizás el más dramático en el tablero del desencuentro. Fue el ‘hijo consentido’ de Julio Roberto, al punto de ser designado como su candidato oficial a la alcaldía en la contienda pasada. Tras caer derrotado ante Camilo Valencia, Báez no solo rompió estruendosamente y entre peleas con Julio Roberto, sino que cometió el ‘pecado capital’ para el dogmatismo de la izquierda local: cruzó la acera y selló un pacto con Andrés Fabián Hurtado, exalcalde de Ibagué y referente del Partido de la U. Esa pirueta hacia la derecha dinamitó cualquier posibilidad de reconciliación con sus antiguos aliados, quienes hoy no le perdonan lo que califican como una abierta traición.

El diagnóstico: ¿Oposición o pavimento para el continuismo?

Cuando se analiza el panorama en conjunto, el diagnóstico de la oposición de izquierda en Cajamarca revela una falla estructural. Con la excepción parcial de Gómez (por tradición familiar) y Báez (por su experiencia como candidato derrotado), el abanico opositor está compuesto por liderazgos prefabricados: personas que confunden el activismo o la figuración institucional con el respaldo popular.

Ninguno de estos nombres, por separado, representa una amenaza real para la maquinaria que la administración actual prepara en torno al candidato de continuidad. Si estos cinco precandidatos insisten en anteponer sus aspiraciones individuales y sus disputas de ego, el resultado es predecible: una votación fragmentada que le servirá en bandeja de plata la victoria al candidato del gobierno de turno.

En Cajamarca, mientras la izquierda siga buscando su norte entre fantasmas del pasado y vanidades del presente, la posibilidad de arrebatar el poder local seguirá siendo una quimera.