Opinión

Las mujeres no estamos seguras en el transporte público y las autoridades parecen no tener un plan de acción al respecto.

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Por: Melissa Barreto

El pasado 25 de marzo de 2026, Una joven denunció por redes sociales y medios locales que tuvo que lanzarse de una moto en movimiento para proteger su integridad. La joven relata que ella solicitó el servicio de transporte de moto por medio de una plataforma, para llegar a su casa, durante la trayectoria ella nota que este hombre se desvía de la ruta, ella le reclama y este le dice que ya va a dar la vuelta e inmediatamente empieza a meterse por calles más oscuras y ella decide lanzarse de la moto en movimiento acto seguido, este hombre empieza a perseguirla con un cuchillo en la mano, la victima empezó a pedir ayuda y a golpear puertas para que salieran a auxiliarla, la gente del sector responde a su llamado y el agresor huye.

La indignación por el hecho que le ocurre a esta joven es genuino, pero lo que me llama la atención, es que cuando ella denuncia en redes sociales, otras jóvenes se identifican en su relato y comparten hechos similares, y al parecer no se trata del mismo agresor, sino que es algo que pasa frecuentemente en las plataformas de transporte.

Sería fácil y superficial culpar y criminalizar estas plataformas de transporte que son legales en cuanto a su existencia, pero ilegales en su operación es decir el estado no criminaliza, ni responsabiliza a la plataforma por lo que pase en su operación, pero si criminaliza a los que brindan su servicio de transporte por medio de ellas y responsabiliza de lo que les pueda pasar a los usuarios que consumimos estas plataformas.

Y mientras el estado se lava las manos y sanciona por medio de la ley de tránsito y transporte a los prestadores de servicio por medio de estas plataformas. Los mismos que comen, viven, se pagan sus estudios o condonan sus deudas con lo que generan por medio de estas plataformas. Los usuarios y especialmente las usuarias no tenemos como garantizar nuestra seguridad, mientras hacemos uso de estos servicios.

Una inseguridad que no es ajena a los servicios de transporte regulados por el estado, algo que yo misma he corroborado, si bien las mujeres estamos constantemente expuestas a la violencia en nuestra cotidianidad, el transporte publico se ha vuelto un medio perfecto para los agresores, un medio que garantiza impunidad.

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Les voy a contar algo que me sucede seguido, yo soy una mujer que constantemente está viajando y desplazándose por el país por medio terrestre. Soy fiel usuaria del terminal de transporte y siempre que llegó a la terminal de trasporte de Ibagué especialmente en la noche, vendedores, vendedoras y trabajadores de empresas transportadoras me hacen la misma advertencia, que en lo posible no tome taxis y busque que alguien de confianza pueda recogerme. Porque en palabras de ellos y ellas, los taxistas desaparecen jovencitas, viajeras solas como yo.

Los rumores no son hechos, pero suelen partir de ellos, así como cuando me advierten que cuando viaje no le reciba comida o bebida a nadie y que no me duerma porque podría pasarme algo y luego encuentras noticias como la de la joven que viajaba de Bogotá a Ibagué, se durmió durante el trayecto y cuando despertó un hombre la estaba tocando en sus partes íntimas sin su consentimiento.

Nos lleva al mismo camino, en cualquier transporte público las mujeres estamos inseguras y mientras las instituciones que se encargan de criminalizar a los prestadores de servicios, multar y inmovilizar sus objetivos de garantizar la movilidad de las personas se limita a lo mas primitivo de la palabra, y es que la seguridad e integridad de las usuarias de transporte publico ante las violencias basadas en género se queda por fuera de esa garantía al parecer.

Porque mientras no se tenga un vehículo por inmovilizar o una multa por impartir a las autoridades les importa poco o nada, lo que las usuarias de transporte publico vivimos día a día.

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