Opinión
La vorágine del fin de año
Por: José Julián Ñáñez Rodríguez – director del Doctorado en Ciencias de la Educación de la UT y Alejandra Barrios Rivera – magíster en Educación.
Llega diciembre y con él una energía particular que atraviesa las calles, las casas, los espacios de trabajo. Hay algo innegable en esta época que nos convoca; las ganas de cerrar ciclos, de encontrarnos con quienes llevamos meses o años sin ver, de sentarnos alrededor de una mesa y compartir lo que fuimos capaces de construir durante estos doce meses. Sin embargo, ¿por qué tantos llegamos al 31 sintiendo que el mes se nos escapó entre las manos? Algo en la forma como vivimos diciembre termina por arrebatarnos justamente lo que más valoramos de estas fechas.
La pregunta no es si debemos celebrar o no el cierre del año, sino más bien cómo lo hacemos y qué perdemos en el camino cuando dejamos que la prisa nos arrastre sin pausas para la reflexión. Las listas crecen, los compromisos se multiplican, las expectativas sobre cómo «debe ser» esta época terminan por dictar nuestras decisiones. Y en algún punto, muchos llegamos al 24 preguntándonos cómo fue que estas semanas se nos escurrieron sin que pudiéramos habitarlas plenamente.
Al respecto, Rosa (2019) ha estudiado cómo las sociedades contemporáneas funcionan mediante una aceleración constante del ritmo de vida, donde mantener el equilibrio exige ir cada vez más rápido. Diciembre condensa esta lógica acelerada de manera particularmente intensa; es como si todo lo que no pudimos hacer en once meses tuviéramos que resolverlo en treinta días. La paradoja es evidente cuando lo pensamos con calma. Se supone que estas son fechas de descanso, de pausa, de balance, pero en la práctica muchos llegamos al fin de año más exhaustos que en cualquier otro momento. La pregunta vale la pena: ¿estamos celebrando o simplemente cumpliendo con un libreto que nos excede?
No se trata de negar que diciembre tiene su encanto ni de volverse un aguafiestas que desprecia cualquier expresión de alegría colectiva. Las reuniones familiares, los regalos que se dan con intención genuina, las cenas compartidas donde la conversación fluye, los reencuentros que nos recuerdan por qué vale la pena mantener ciertos vínculos a pesar de la distancia; todo eso existe y es valioso. El problema surge cuando estas expresiones auténticas de afecto quedan sepultadas bajo una montaña de obligaciones sociales, gastos que comprometen la economía familiar durante meses, y rituales vaciados de sentido que repetimos porque «así se hace». En Colombia, más de la mitad de los hogares tuvieron que recurrir al endeudamiento o gastar sus ahorros durante 2024 para enfrentar dificultades económicas, según reveló la Encuesta de Calidad de Vida (DANE, 2024). Esta presión financiera se intensifica en diciembre, cuando las expectativas sociales empujan a muchas familias hacia compromisos económicos que arrastrarán durante meses.
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Precisamente en medio de este ritmo acelerado y estas presiones materiales, el mayor riesgo pude ser dejarnos llevar por la prisa del fin de año sea perder la oportunidad de hacer lo que diciembre nos invita a hacer de manera más genuina; detenernos a mirar con honestidad lo que fuimos estos meses. No se trata de un balance cuantitativo de metas cumplidas, sino de preguntarnos qué aprendimos este año, qué relaciones cuidamos y cuáles descuidamos, en qué momentos fuimos la mejor versión de nosotros mismos y en cuáles nos perdimos el rastro. Rosa (2019) plantea que la salida a esta aceleración permanente pasa por construir relaciones de resonancia con el mundo y con los otros, vínculos genuinos basados en la escucha, el reconocimiento mutuo y la apertura. Pero la resonancia necesita tiempo, silencio, disposición a estar presentes sin prisa.
Finalmente, cabe recordar que diciembre no se trata solo de nosotros. Como argumenta Mortari (2024), cuidar de otros no es una acción condescendiente hacia otros, sino «el modo originario de estar en el mundo». Reconocer que somos seres interdependientes cuya existencia se teje en el intercambio continuo de cuidados mutuos nos obliga a mirar este cierre de año también desde lo que fuimos capaces de ofrecer a quienes nos rodean. Cerrar bien un año tiene tanto que ver con lo que logramos como con lo que cuidamos mientras el tiempo transcurría.
Referencias
Departamento Administrativo Nacional de Estadística. (2024). Encuesta de Calidad de Vida 2023. Gobierno de Colombia.
Mortari, L. (2024). La política del cuidado. Tomarse la vida en serio. Ediciones Encuentro.
Rosa, H. (2019). Resonancia: Una sociología de la relación con el mundo. Katz Editores.