Opinión
La historia de Ibagué cambiará desde el 29 de julio
Por Johana Aranda
Cuando lo expertos en planeación hacen un foro, la probabilidad de que traigan a colación experiencias exitosas del Eje Cafetero o Antioquia, es muy alta. Sin embargo, cuando converso con ellos, son claros al advertir que dicho éxito no se debe exclusivamente a las virtudes intelectuales o la riqueza técnica de sus especialistas, más bien, a la capacidad que tienen en estas regiones para establecer acuerdos colectivos y planificar la ciudad, a pesar de sus diferencias.
A simple vista se evidencia que Ibagué no ha sido una ciudad planificada o proyectada en el tiempo, no hay continuidad en sus proyectos estratégicos y ha sido gobernada históricamente con odios y sectarismos políticos. El ego de muchos gobernantes relega el fin supremo de hacer progresar a la capital tolimense y excluye un importante número de actores sociales en la democrática tarea de construir ciudad.
Si se silencian entre personas con poder, imaginen el nivel de participación real que tienen los ciudadanos más vulnerables.
¿Le preguntaron a las madres cabeza de familia qué tipo de ciudad sueñan?; ¿Le preguntaron a las personas con discapacidad?; ¿Le preguntaron a la señora del puesto de arepas, al guarda de seguridad, al que trabaja en construcción o al empresario, qué tipo de ciudad les gustaría tener?
No podemos replicar esa distinción que hacía Jorge Eliecer Gaitán entre el país político y el país nacional (pueblo), por eso, desde que tuve la posibilidad, me planteé el firme propósito de construir el proyecto ciudadano más incluyente en la historia de Ibagué, uno en donde todos sean consultados y todos tengamos la última palabra.
El próximo 29 de julio inscribiremos este proyecto sensato, pluralista y democrático, uno en donde todos los actores sociales y económicos fueron escuchados, y en donde todos ofrecieron un importante aporte para construir y proyectar hacia futuro.
Cuando se concentra el poder, son pocos los que tienen la posibilidad de decidir, pero cuando este se vuelve democrático, cada persona tiene la oportunidad de reafirmar su ciudadanía, participando en el devenir de su territorio, construyéndolo y mejorándolo, expresando sus anhelos, sus frustraciones, su rabia y sus ideas.
En este proyecto todos tienen lugar, sin importar su religión, raza, género o color político. A Ibagué la construimos entre todos, en el territorio y no en el escritorio. Sueño con más oportunidades, educación de calidad, techo digno, seguridad, vías en buen estado, trabajo bien pago, libertad y democracia para todos… Sueño con una Ibagué para cada uno de sus ciudadanos y este sábado, daremos el primer paso para conseguirlo.
¡Cordialmente invitados!