Opinión
LA CADETE QUE LLORÓ Y UN PAÍS QUE MIRA
Por: Dahian García Covaleda
Una imagen puede durar apenas unos segundos, pero en las redes sociales puede convertirse en un debate nacional. Eso fue lo que ocurrió con la cadete que, durante la posesión de Abelardo, fue captada llorando. Una escena humana y aparentemente sencilla terminó adquiriendo distintos significados según los ojos de quien la miraba.
En redes sociales aparecieron, principalmente, dos interpretaciones.
La primera quiso ver en sus lágrimas una señal de Esperanza, orgullo o incluso una gran emoción frente al nuevo momento político que comenzaba. Para quienes interpretaron la imagen de esa manera, el llanto de la cadete representaba el sentimiento de una parte del país que observa el futuro con optimismo.
Pero hubo una segunda interpretación. Otros consideraron que era injusto convertir las lágrimas de una persona en un mensaje político. Quizás la cadete simplemente estaba viviendo una emoción personal, el peso de un momento solemne, el cansancio o cualquier circunstancia que desconocemos. Desde esta perspectiva, las redes sociales hicieron lo que muchas veces hacen, tomar una imagen aislada y construir alrededor de ella una historia completa.

Y ahí está, precisamente, el problema.
Nos hemos acostumbrado a interpretar cada gesto público como una declaración política. Una mirada, un aplauso, una lágrima o un silencio parecen necesitar inmediatamente una explicación. Sin embargo, detrás de esas imágenes hay personas, no personajes creados para satisfacer las interpretaciones de internet.
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No sabemos qué estaba sintiendo realmente aquella cadete. Y reconocer que no lo sabemos también es una forma de responsabilidad.
Más allá de las posiciones políticas, creo que este episodio debería servirnos para recordar algo importante, podemos debatir sobre un gobierno, cuestionar sus decisiones y defender nuestras convicciones sin convertir a una persona desconocida en símbolo de nuestras propias ideas.
La cadete lloró. Las redes le dieron dos significados completamente distintos. Tal vez la verdad sea mucho más sencilla y mucho más humanas ¡Simplemente lloró!
Ojalá podamos aprender a mirar estas imágenes con un poco menos de rabia y con un poco más de empatía. Porque, independientemente de nuestras diferencias políticas, al final todos tenemos algo en común, queremos que al país le vaya bien.
Y esa es mi esperanza: que le vaya bien al país, que haya tranquilidad, que se respeten las diferencias y que podamos mirar hacia adelante con la convicción de que Colombia merece lo mejor.
Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.