Política
¿Intenciones reales de la gobernadora Adriana Magali Matiz de quedarse con el poder político conservador?
El matizismo toma ventaja y crece la puja por el control de esa colectividad en el Tolima.
El ajedrez político del Partido Conservador en el Tolima entró en una nueva fase tras los resultados de las elecciones legislativas de marzo, que hoy son leídos como un punto de inflexión en la disputa interna entre el denominado “matizismo” y el tradicional “barretismo”.
En el centro del debate aparece la gobernadora Adriana Magali Matiz, hoy figura del conservatismo a nivel nacional, mediática por su férrea oposición al Gobierno Petro y dos veces la mejor mandataria del país, quien, según distintas lecturas políticas, estaría consolidando las bases para quedarse con el control de la colectividad en el departamento.
El resultado más significativo fue la votación a la Cámara de Representantes, donde Guillermo Alvira, identificado con el sector de Matiz, se convirtió en el aspirante más votado del conservatismo, superando ampliamente a los candidatos respaldados por el senador Óscar Barreto. Este resultado no solo fortaleció la narrativa del crecimiento del matizismo, sino que dejó en evidencia el desgaste electoral de la estructura barretista.
En contraste, el barretismo apenas logró asegurar la curul de Delcy Isaza, mientras que figuras como Gerardo Yepes no alcanzaron los votos necesarios para mantenerse en el Congreso. A su vez, Alejandro Martínez logró repetir curul, aunque su cercanía con el barretismo no lo ubica plenamente dentro de esa línea política, lo que también refleja fisuras dentro del grupo.
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La disputa no se limitó a la Cámara. En el Senado, la votación de Santiago Barreto quedó al borde del fracaso electoral, con un resultado considerablemente inferior al obtenido por Miguel Ángel Barreto, quien, aunque proviene de la misma casa política, ha marcado distancia del liderazgo de Óscar Barreto, profundizando la fragmentación interna.
Este panorama deja al Partido Conservador en el Tolima dividido en al menos tres vertientes: el matizismo en ascenso, el barretismo tradicional con signos de desgaste, y un bloque intermedio que juega con autonomía relativa bajo el liderazgo de Miguel Ángel Barreto. En ese contexto, la figura de la gobernadora Matiz cobra relevancia no solo por su capacidad de movilización electoral, sino por su eventual intención de convertirse en la gran electora del partido en la región.

El control del partido no es un asunto menor. De cara a las elecciones regionales de octubre de 2027, está en juego la definición de avales para Gobernación, alcaldías, Asamblea y concejos, un poder que históricamente ha sido determinante para estructurar mayorías políticas en el departamento.
La puja, entonces, no solo es simbólica, sino estratégica: quien domine el Partido Conservador tendrá la llave de la próxima configuración del poder territorial.
Aunque no hay pronunciamientos oficiales, en los círculos políticos ya se habla de una disputa abierta por el liderazgo conservador en el Tolima, donde Adriana Magali Matiz aparece como la principal contendora para reconfigurar el mapa interno del partido, en medio de un escenario marcado por fracturas, reacomodos y nuevas alianzas.